jueves, 14 de octubre de 2010

¡El show debe continuar!


Listo. Se acabó. El último de los 33 mineros atrapados en el fondo de la mina San José ha salido por fin nuevamente al aire libre, al sol, a la vida. Hazaña fue realmente su supervivencia, su aguante, su apego incondicional a la vida. No ha de restársele méritos a estos hombres, a estos trabajadores, a estos mineros. El mundo entero puso sus ojos sobre ellos y con razón. Son un ejemplo, o más bien, una lección.
¿Habrá imaginado alguno de ellos la suerte que correrían hoy, después de ver colapsar las paredes de la mina el pasado agosto? ¿En las cabezas de sus familiares y amigos se habrá cruzado la idea de que pasarían en cuestión de semanas de ser mineros a rockstars? Esos hombres, de turnos interminables, de sudor húmedo, de oscuridades prolongadas, ésos que ganaban una miseria para hacer más ricos a los dueños de la mina, ellos, ésos ¿Imaginarían alguna vez este circo del que ahora son las estrellas?
McLuhan nos lo dijo hace rato ya: "El medio es el mensaje". Y en nuestros países el "mensaje" siempre es aquel que los medios quieren que recibamos. De más está señalar aquí quiénes son los "poderes fácticos" tras esos mass media que nos bombardearon día a día. 
Y es que nada vende mejor que una tragedia... nada excepto la tragedia transformada en circo, en comedia para las masas, en reality show donde todos, TODOS, tienen algo que ganar. 
Antes de saber que estaban vivos, se alcanzó a hablar de responsabilidad empresarial, de derechos laborales, de fiscalización. Se prometieron leyes, se juraron "nunca mases", se dijo que había una necesidad urgente de controlar la injusticia que provocó esa tragedia... 
Después, vino la alegría. Estaban vivos aún. había esperanza de que los mineros vieran en vida el milagro de la justicia, de las mejores condiciones laborales, pero no... el gobierno y los medios de comunicación pronto olvidaron los anacrónicos discursos de "justicia social" para reemplazarlos por invitaciones a La Moneda, al extranjero, a los programas de farándula. Los derechos se transformaron en regalos enviados desde lugares que los mineros probablemente ni sabían que existían... desde Cupertino, California, Steve Jobs les envía IPods Shuffle, Sony PSPs, Camisetas el Real Madrid, años gratis de pizza y sushi... y miles y miles de cosas más. Mientras, nosotros el público, contemplamos maravillados la generosidad del mundo, a la par que olvidamos cómo fue que llegaron a quedar atrapados esos hombres 700 metros bajo la tierra. Ya no nos importan los derechos laborales, ahora nos importa más el nombre del perro del minero 21, o que el minero 18 tiene una amante, o que el 2 es hincha de la Católica. Asistimos al despliegue comunicacional más grande y burdo de los últimos tiempos. Toda la ciencia y la técnica de la información al servicio del telespectador para enterarnos que el minero 28 es fanático de los porotos con mazamorra. 
Y, mientras, se aprueba un nuevo impuesto a la gran minería que es un chiste. Mientras, el ejecutivo manda una proyecto de reforma constitucional al congreso para reelegir al presidente. Mientras, decenas de mapuches estaban en huelga de hambre, mientras varias minas y fábricas están en huelga por mejores condiciones laborales, mientras se envía un proyecto de concesión - privatización de los hospitales públicos, mientras... la vida real.
Pobres mineros. No es culpa de ellos, sino de otros más siniestros y maquiavélicos. Dentro de unos días ya poco se les recordará, pues nuestros medios y nuestro gobierno encontrarán un nuevo show que mostrar al público siempre ávido de "realidad", mientras ésta no sea la de ellos mismos.
¡Que se enciendan los reflectores, que el show debe continuar! 

sábado, 18 de septiembre de 2010

"Tengo fe en Chile y su destino"



No quisiera ahora discutir la legitimidad de la fecha, ni mucho menos entrar en argumentaciones extensas y fútiles que nos llevaran a tomar partido respecto a si se trata de esta fecha o no el bicentenario, la idependecia o, si es que, existe realmente algo que celebrar. Esta vez me permitiré, simplemente, sentirme chileno.
Hoy quiero sumarme a la felicidad de las personas, aunque no estemos muy concientes de por qué estar felices. Hay tanta historia en Chile, y si la miramos detenidamente, quizá debiésemos estar tristes en lugar de alegres... pero hoy, hoy amigos, me sentiré alegre por aquello que puedo estarlo, por aquello que me da alegría.
Hoy me alegro por Lautaro y la libertad.
Hoy me alegro por Valdivia y su tenacidad
Hoy recorroro los polvorosos caminos con José Miguel y sus hermanos
y me tomo un vaso de vino en Chillán con O`Higgins.
Hoy me disfrazo de otro junto a al guerrillero Rodríguez
para despistar porbres soldados españoles
Hoy camino por el desierto junto a los soldados del caliche
y me despido de Prat y su corazón de mar
Hoy peleo por la defensa de la Patria ante los capitales foráneos
y lloro la partida del presidente Balmaceda
Hoy levanto el puño junto a los obreros en la Escuela Santa María
y me dejo matar por la dignidad del pueblo
Hoy me emociono hasta las lágrimas porque un sencillo profesor de pueblo es presidente
y lo lloro unos pocos años después, junto al todo el pueblo
Hoy mi corazón se maravilla porque un cura ha dicho ¡Justicia social!
y a formado sindicatos, sacado niños de bajo los puentes, le ha dado un Hogar a Cristo
Hoy me alegro por la Reforma Agraria 
y el campsino digno que tanto ha esperado
Hoy me alegro por la CUT y los obreros
y mi abuelo que luchó toda su vida por una Patria mejor
Hoy festejo con el pueblo que ha dicho ¡Revolución! en las urnas
y por el cobre de, por y para los chilenos
Hoy me duele, otra vez, la traición y la felonía
y me duele el presidente muerto en La Moneda
Hoy resisto junto al pueblo digno la bota asesina de cuatro verdugos
y me uno a mis hermanos en torno a la palabra libertad
Hoy recuerdo a quienes nunca regresaron
y lloro con la madre, la esposa, la hija, que se fueron esperando
Hoy salto de júbilo porque, otra vez en paz, dijimos ¡NO!
y el tirano no tendrá un sitio en esta tierra donde descansar
Hoy me invade el espanto de la primera tumba abierta en Pisagua
y no se detendrá hasta que aparezca el último de mis hermanos
Hoy estoy feliz porque se acabó la desnutrición
pero miro con recelo el exceso
Hoy me siento satisfecho porque no hay niño que no vaya a la escuela
pero me preocupa saber qué están aprendiendo
Hoy celebro mi libertad, pero no puedo evitar preguntarme
¿Qué estamos haciendo con ella?
Hoy, amigos, compañeros, compatriotas,
celebro la libertad y la dignidad del pueblo chileno.
Pero esta es una batalla inconclusa
durará mucho más de doscientos años
es, tal vez, eterna.
Aún así, como dijo el compañero presidente en su último discurso: "Tengo fe en Chile y su destino"

viernes, 30 de julio de 2010

La primera igualdad es la equidad


A nadie pareció sorprender la noticia de que Chile sigue siendo uno de los países con peor distribución de la riqueza en la región. Tampoco generó revuelo mayoritario en la comunidad el hecho de que la pobreza durante los últimos cuatro años no solo no disminuyera, sino que, además, aumentara levemente. Uno pensaría, si observase desde fuera, que las masas oprimidas, olvidadas, vulneradas en sus derechos y a quienes la Constitución de la República parece no amparar en su "iguales en dignidad y derechos", pondrían el grito en el cielo ante tanta injusticia, ante tamaña realidad que nos dice que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobre, mas no... nothing happens... la gente sigue como todos los días. No hay protestas, no hay comentarios en la fila del banco, no hay pancartas frente al palacio de gobierno. No hay indignación. A lo más un "estará de Dios" y a seguir con lo de siempre... con las teleseries de la tarde, que nos permiten no pensar,  con los noticieros, que nos llenan de miedo y desconfianza, con el programa farandulero, que nos distrae lo suficiente hasta la hora de quedarnos dormidos y no pensar... solo despertar un día más para seguir trabajando, porque si no se trabaja no se paga el la cuenta de la luz, y sin electricidad no hay tele que ver, nada que me saque de esta horrible realidad de todos los días.
¿Cómo no pensar a veces que realmente todo está perdido? ¿Que los mismos de siempre consiguieron no solo ganar la batalla, sino también la guerra? Nos ganaron vendiéndonos la mentira de que la riqueza todo lo arreglaba. Nos ganaron convenciéndonos de que bastaba tener un televisor, un celular, quizá hasta una casa para dejar de ser pobre... después de todo ¿Qué pobre tienes tarjetas de crédito? ¿Qué clase de pobre puede comprarse un LCD, aunque sea en 48 cuotas? ¿Acaso lo pobres tienen Facebook?
Y claro, esa estereotipada figura del pobre, algo así como una Charlot, pero sin sombrero, ya no se ve mucho en las calles de Chile. No vemos niños desnutridos, sino más bien rechonchos. No los vemos llenos de piojos, descalzos, harapientos... a veces los vemos hasta con zapatillas de las mejores marcas. No, ya no vemos mucho esa pobreza, la de ahora es más hipócrita... es la pobreza de la escuela municipal donde no se enseña nada realmente. Es la pobreza de hospitales en ruinas donde perfectamente puede alguien morir en la espera. Es la pobreza donde sabes que no ganarás nunca más de 300 mil pesos, que tu pensión alcanzará con suerte para comer, es la pobreza del no habrá vacaciones más allá de la plaza, la pobreza de nunca saldrás del país ni conocerás otros lados, la pobreza de la universidad no es para ti, la pobreza de calla y acata, la pobreza de la casa pequeña y hacinada, la pobreza de no te puedes enfermar porque no hay como pagar, pobreza de las poblaciones feas, del barro, de la micro llena, la pobreza del cine no pero el DVD pirata sí, la pobreza del teatro no, pero la teleseries sí... la pobreza que se perpetua y perpetua. Una pobreza iluminda por rayos catódicos.
Sí, queridos amigos. Es indignate la distribución de la riqueza en Chile, pero lo es aún más la distribución de la cultura. Esa cultura que nos permita indiganarnos, ¡INDIGNARNOS! ante la injusticia, ante una realidad que un padre no puede, no debe querer para sus hijos, una realidad que ninguno de nosotros puede querer para un compatriota, un ser humano. Necesitamos construir una cultura nueva para nuestro país. Una cultura que nos permita apagar la tele un rato, que nos permita dejar de leer las estupideces de Las Últimas Noticias, una cultura que nos haga despertar y darnos cuenta de que hay más, de que podemos más, de que merecemos más en la medida en que luchemos por ello. Una cultura que nos permita exigir nuestros derechos, nos permita exigir justicia social, una cultura que no permita que en una empresa la diferencia entre el que gana más y el que gana menos sea de 200%... una cultura de escuelas dignas, de hospitales dignos, de universidades llenas de hijos de obreros, de barrios pobres pero con plazas y parques, con consultorios, con metro y transporte público, donde la gente no viva con miedo, donde los niños puedan jugar tranquilos...
No sé... creo que ya desvarío... es tarde ya.
Ustedes me dirán... ¿Es tarde ya? ¿Demasiado  tarde ya?

jueves, 22 de julio de 2010

Deber ser

Éste no debería ser yo.
Aquí, frente al teclado, en un céntrico café,
no debería ser yo.
Este hombre amargado que soy
no debería ser yo.
Y, sin embargo, lo soy,
porque me propuse demasiados "debo ser"
me propuse demasiados imposibles,
idealicé más de lo que la justa razón aconseja.
Este que está escribiendo no debería ser yo
yo no debiese ser éste que soy
así, de esta manera oscura,
trasunto de otros tiempos.
Yo no debería ser así
o quizá ya no lo soy.
Los que me conocen hace tiempo podrán decirme
¿Qué hay de mí en éste que soy yo?
¿Queda algo de ternura debajo de estos cueros?
¿Queda algo de amor bajo mi lengua?
¿Pervive aún algo de esperanza en la médula de mis huesos?
Dios mío, ¿Para qué me haz abandonado?
Al final de la partida,
amigos y amigas,
uno nunca debiese ser
uno solo tiene que ser
ser, así no más,
sin condicionantes
ser o no ser
nada más
nada menos
todos los "debiese" sirven solo para hacer castillos en las nubes
y para porrazos
ya tengo bastantes
y eso, no debió ser así,
pero fue.
Así que, para concluir,
éste no debiese ser yo
pero soy
o quizá ya no.

miércoles, 9 de junio de 2010

Lo que Chile no sintió



¡Ay, si el desatino tuviera límites! Pero no, señores. No lo tiene. Así como la estupidez humana que tampoco  tiene. Bien nos lo demostró nuestro a estas alturas ex embajador en Argentina que, en un arranque de sinceridad derechista pocas veces visto, se mandó unas declaraciones dignas de ser grabadas en bronce y guardadas en  los anales de la Historia universal de la estupidez. Lo hizo, además, en uno de los medios más importantes y difundidos de la república Argentina. Lo hizo, a sabiendas, de que nuestros hermanos argentinos sintieron también en carne propia los rigores de una dictadura militar, lo hizo a pesar de que por más que él, la derecha y el actual gobiernos han intentado una y otra vez echarle tierra encima a la historia reciente de nuestro país. 

La entrevista aparecida en El Clarín en sí es bastante insólita, Basta con leer que nuestro embajador no tenía idea que Estados Unidos había tenido algo que ver con  el golpe de Estado ("pronunciamiento militar" lo llama él, lindo eufemismo), quizá también ignora que no solo en Chile, sino en toda Latinoamérica. Pero yo solo quiero detenerme en una de sus declaraciones: la de que la mayoría de Chile no sintió la dictadura, es más, se sintió aliviada de vivir en dictadura.

Yo esperaría que una persona de más de treinta años se sintiera profundamente ofendida por estas declaraciones. Y claro, como no, si las palabras del embajador Otero equivalen a decir que las personas en Chile se sintieron felices de pasar casi dos décadas sin la molesta obligación de elegir a sus autoridades. Casi veinte años liberados de pensar, disentir, poner el grito en el cielo si se le daba la gana. Quiso decir, el señor Otero, que por todo el régimen militar la gente no sintió miedo del carabinero en la esquina, del auto estacionado frente a la casa, de meterse al sindicato, de participar en una reunión política por inocente que fuera. No, claro que no. La gente no sintió que le privatizasen las empresas que eran de todos, que las vendieran a precios irrisorios, entre cuatro paredes. La gente no sintió nada cuando ponía y ponía recursos de amparo para que el ministerio del interior se dignara a decirles dónde estaban sus familiares subidos en plena vía pública a la fuerza en siniestros Opalas negros. No, queridos lectores, los chilenos no sintieron nada cuando pasaron casi diez años con toque de queda, cuando se acabaron los teatros, las peñas, los shows de revista, las inocentes fiestas familiares sin autorización previa de la autoridad competente. No sentían nada cuando civiles no identificados se apersonaban en las fábricas, en las colas del banco, en las salas de espera de los hospitales... nada de nada se sentía cuando en 17 años no se levantó un hospital, no se compró un vagón de tren, cuando se municipalizó la salud y la educación, cuando se impuso una constitución de chiste con chilenos de primera, segunda y tercera clase... cuando se les redujo en dos tercios la pensión a los pensionados, cuando se privatizó el fondo de pensiones... no, seguramente los obreros no sintieron nada cuando una a una las fábricas se fueron cerrando, cuando el vecino no regresó nunca más del Estadio Nacional, o de Tres o Cuatro Álamos... o si regresó, digamos de Villa Grimaldi, de Venda Sexy, de Londres 38, ya nunca fue el mismo...

No. No sentimos nada. Cuando a mis seis años mi papá lloraba por los compañeros degollados y tirados a la orilla del camino. No, nada se sintió cuando unos años después, en Pisagua, aparecían esas personas vendadas, amarradas de pies y manos, apiladas unas sobre otras, aún con sus lentes, con sus camisas, con sus billeteras, como detenidas en el tiempo... fusiladas sin un proceso, sin el derecho a un abogado ni a un juez, sin derecho a un velorio, a un entierro, a una misa por sus almas. 

Se equivocó señor ex embajador Otero. Usted quizá no sintió la dictadura. Usted y sus amigos. Pero la mayoría de los chilenos sí la sintieron y sus efectos se sienten hasta hoy. Porque gran parte de lo malo que somos hoy se lo debemos a esa dictadura y a gente como usted, señor ex embajador Otero.

lunes, 31 de mayo de 2010

Mala gente que camina y va apestando la tierra...


"En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,


y pedantones al paño 
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas


mala gente que camina
y va apestando la tierra..."


(He andado muchos caminos, fragmento. Antonio Machado)

Quisiera no tener que escribir esto. Quisiera que mi espíritu, mi alma, lo que hay dentro de mi ser entero no me empujase, no me obligase a escribir cosas desde el dolor, desde la rabia, desde la desazón. Porque hoy me cuesta creer en las personas, hoy me cuesta ver en los otros a mis hermanos, y no deseo el futuro sino el castigo y me siento menos bueno. 
Y es que no entiendo, mi Dios, verdad que no entiendo. ¿Por qué, Señor? ¿Por qué personas, hijos tuyos, hermanos míos, pueden actuar así, como actúan, fuera de toda lógica, fuera de todo amor, fuera de la más mínima misericordia? 
Mi hermana salvó una perrita. La salvó de una muerte segura, por frío, por hambre. La salvó después de que sus dueños la tiraran a la calle, solo porque se aburrieron, porque quizá ensuciaba o tenían que gastar dinero en su alimentación. Mi hermana la salvó. Le dio comida. Le compró una casita. Y el animal se lo agradecía a diario, con su cola, con su compañía, con su alegría al verla a lo lejos. No podía traerla a casa, porque con tres perros ya no nos quedaba espacio, pero siempre buscó que estuviera mejor. Que no se mojara en la lluvia, que no pasara hambre, que no se la comieran viva las garrapatas. En casa le ayudábamos. Quizá intentando no encariñarnos, pero era inevitable. Y como podíamos le comprábamos alimento, remedios, antiparasitarios. Inclusive íbamos a esterilizarla para que no diera problemas, para que no molestara a nadie.
Aún así, vecinos furiosos nos conminaban a espantar al pobre animal, a deshacernos de él. Que es una locura gastarse el dinero en eso. Que afea el ambiente. Las críticas venían, inclusive, de quienes botaron a la calle a la pobre perrita. Y sin embargo, mi hermana siguió adelante, intentando hacer ver a las personas que la culpa de los perros callejeros no es de los perros, pero si las personas cree que la pobreza se origina porque hay pobres... poco podía hacer mi hermana.
Así que, un día, aprovechándose de la ausencia, se llevaron a la perra. Solo Tú, Señor, sabes qué le hicieron y dónde la dejaron. Sólo Tú, Señor, que no me contestas, sabes si vive, si está bien o sufre. Solo Tú puedes dimensionar el dolor de mi hermana. 
Quizá Tú si entiendes los por qué, Dios. Yo no puedo. Yo no sé siquiera si quiero entender. Solo sé que hay días, como hoy, que quisiera castigos, quisiera venganza, quisiera blandir una espada sangrienta. 
Te preguntarás, amable lector, de qué me extraño, de qué me espanto. ¿No han sido seres humanos quienes construyeron campos de concentración, sillas eléctricas, aparatos de tortura? ¿De qué te extrañas ahora? Si un hombre es capaz de matar a otro por unos pesos... ¿No es mucho más capaz de matar a un pobre perro?
Hay tanta, tanta mala gente que camina por la tierra... pero el poema de Machado tiene una segunda parte. Y, entonces, veo a mi hermana. Y ya no quiero tanto el castigo como la justicia. No quiero tanto la venganza como la paz. Y todavía dentro de mí creo que puede haber futuros, y que podemos ser "Buenas gentes que laboran, pasa y sueñan. Y en un día, como tantos, descansaremos bajo la tierra". 

jueves, 20 de mayo de 2010

Attack of the red jackets! (o dejar al gato cuidando la carnicería)





Pensar que hace solo unos años, unos cuantos lustros apenas, el color rojo se relacionaba con todo lo malo, lo "demoníaco", por así decirlo. Los "curas" rojos eran perversos seres que ayudaban a esconderse a los terroristas que se oponían al gobierno. Los "rojos", así, a secas, eran esos anacrónicos comunistas que seguían pegados en la "UP" y sus mil días del terror. Se nota que hoy han cambiado los tiempos. Hoy, nuestras flamantes autoridades se han "empoderado" (palabrita que mucho les gusta y rescataron del diccionario de Corominas) del rojo. Sí. Cuales repartidores de pizza y con la patriótica e incomprendida tarea de rescatar nuestro escudo patrio, las nuevas autoridades se mandaron a confeccionar vistosas y 100% nailon chaquetas rojas con el escudo por delante y por detrás (me recuerdan un poco al traje del hombre araña).
Y así de presidente a paje (que vendría siendo algo así como gobernador o subsecretario) se pasean sobre las ruinas de las ciudades prometiendo más "viviendas de emergencia", ese lindo eufemismo para "casuchas", que permitan a las personas no seguir congelándose o mojándose en este invierno que se nos viene. 
Pero las chaquetas rojas aseguran protagonismo, aseguran resaltar entre el grupo. Dan la sensación de estar siempre en acción, trabajando o repartiendo pizzas, pero moviéndose. Con todo, las chaquetas parece que no son de muy buena calidad, porque ya se están deshilachando, es decir, en buen chileno, están mostrando la hilacha.
Nuestro ministro de salud era dueño de una de las clínicas más importantes del país y, ups!, el hermano del presidente choca a una persona, se fuga del lugar, se va a la clínica y recién le practican la alcoholemia 13 horas después...
Nuestro presidente es dueño de un importante canal de televisión y, ups!, debe nombrar al director del canal estatal nacional: TVN...
Nuestro ministro del interior, que pide a diario altura de miras y sensatez, asiste al congreso y no encuentra nada más inteligente que ofender a un diputado con información que encuentra en el Facebook de alguien anónimo...
Nuestro presidente, que fuera dueño de una importante línea aérea, la vende después de muchas presiones, pero con una hábil triquiñuela consigue pagar menos impuestos. La legalidad de esa triquiñuela debe ser revisada por el director de impuestos internos pero, ups! he did it again, el director es nombrado por el presidente...
Podríamos seguir, pero sería más de lo mismo. Nuestro presidente, en un derroche de inteligencia, señaló en Argentina que "Solo los santos y los muertos no tienen conflictos de interés", pero por lo visto el 95% de los chilenos estamos muertos o hemos sido ascendidos a los altares, porque no tenemos conflictos de interés en nuestro días a día. 
Lo que hoy ocurre con nuestras autoridades es uno de los grandes enemigos de la democracia: la concentración del poder. El poder económico, los medios de comunicación y, finalmente, el poder político. Todo cargado hacia una derecha voraz y ultraconservadora. Y aunque realmente nunca las autoridades incurran en delito o falta alguna, la sombra de la duda estará allí, lo que puede terminar siendo aún más dañino. 
Hemos de esperar que las chaquetas rojas solucionen de verdad sus conflictos de interés a la brevedad, aunque si he de ser sincero, lo dudo bastante, porque hasta ahora el pueblo a través de su voto, votó para dejar a los gatos que mientras más comen más hambre tienen, cuidando la carnicería.

martes, 27 de abril de 2010

"La Verdad os hará libres"



"Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; conocerán la Verdad; y la Verdad los hará libres". Juan 8:32


A quienes nos consideramos católicos, cómo nos ha dolido lo que ocurre con nuestra iglesia. A veces, se puede sentir uno solo contra el mundo. Cuando escuchamos a la gente decir cosas como: "Todos los curas son pedófilos", o "que la iglesia ya no tiene nada que dar a los hombres", no podemos dejar de dolernos. Me duele mi iglesia.

Me duele por sus propios errores. Me duele por las faltas de unos pocos que pagan muchos. Me duele porque no se actuó desde el principio como se debía, intentando encubrir, trasladar, olvidar lo que ocurría. Me duele por la soltura con que muchos hablan, los medios opinan y algunos prevarican. Me duele, sobre todo, por las víctimas, por quienes depositaron su amor, su fe en personas que debían estar al servicio de Dios, de Cristo y su pueblo, y se aprovecharon de su condición para cometer algunos de los crímenes más horribles contra otro ser humano. 

Hace tiempo que, lamenteblemente, la iglesia católica ha estado equivocando el rumbo. En Chile esto es claro y evidente. Durante los 70 y 80 fue una verdadera columna vertebrar de la sociedad chilena herida. Fue la que defendió a los indefensos. Fue la que alimentó a los habrientos. Fue la que protegió a los perseguidos. Fue la que se atrevió a hablar, siempre con la paz, a los dictadores. Pero en nuestros días, la iglesia se ha alejado de su pueblo. Se ha alejado de la acción social. No está, como se dice en buen chileno, "donde las papas queman".

Mucho obispo y mucho cardenal de "oración y espiritualidad", pero muy pocos de "acción y participación". No creo que el maná caiga del cielo para los pobres solo con esa espiritualidad. No caerá porque el maná lo tienen acaparado unos pocos y se lo venden en cuotas a los muchos. 

La iglesia debe decir la verdad y pedir perdón por lo que tenga que pedir perdón. Con humildad y con fe en su propio futuro. Pero las sociedad entera también debe dejar la hipocresía de lado. Para muchos es harto más fácil ser un críticos desinformado que un cristiano comprometido.

Tengo aún fe en que la iglesia avanzará hacia un futuro mejor. Tengo fe en que será más abierta al diálogo y la participación. Tengo fe en que así como salió fortalecida del Concilio Vaticano II, tiene ahora también la oportunidad de hacer grandes cosas para estar cada vez más cerca de su pueblo. 

Porque sigo creyendo en Dios. Porque sigo creyendo en la Verdad y sé que la Verdad nos hace libres.

martes, 6 de abril de 2010

¿Es Chile un país solidario?


Hace ya unas cuantas décadas, ese gran hombre a quien tan atinadamente el presidente Lagos llamó "padre de la Patria de nuestros tiempos", San Alberto Hurtado, se hizo una pregunta que en la sociedad chilena de la época sacó más de una roncha: ¿Es Chile un país católico?

Desde la perspectiva del padre Hurtado, un país que mayoritariamente se decía y declaraba católico, es decir cristiano, no podía vivir tan sumido en la injusticia social y en la iniquidad que condenaba por generaciones a las personas a padecer la miseria más abyecta y la explotación más brutal. No podía concebir nuestro santo que quienes más católicos se declaraban fueran a la vez los que más acaparaban para sí las riqueza, más explotaban a sus trabajadores y, lo que es peor aún, eran quienes más cerraban los ojos ante las flagrantes injusticias que veían por doquier.

Han pasado muchos años desde entonces. Ya no cabría quizá preguntarse si Chile es o no un país católico (cada día somos menos los que nos reconocemos bajo esa fe), pero sí vale hacerse la pregunta: ¿Es Chile una país solidario?

Desde pequeños, ya en la escuela, se nos decía que nosotros, los chilenos, éramos un pueblo valiente, patriótico y solidario. Nuestra buenas, pero miopes, profesoras nos daban largas peroratas acerca de esos valores tan fundamentales de nuestra idiosincracia. Y claro, juntabamos monediatas de a peso o de a diez en cajitas de cartón para al cuaresma, o por octubre, en cajas de zapatos, juntabamos las chauchas para la Teletón, y nos hacía felices saber que esas moneditas, cual milagroso objeto, permitirían a un niño, a un par, ponerse de pie, caminar, tal vez ir al colegio o salir a jugar. Y los buenos curitas del catecismo, nos decían que nada agradaba más a Dios que ayudar a nuestro prójimo, pero aún más si nuestro prójimo ni se enteraba que lo estabamos ayudando. "Que nunca sepa tu mano izquierda lo que hizo tu derecha" me decían, y para mí eso se transformó en un axioma de vida.

Y las encuestas, los medios de comunicación, la gente común y corriente en la calle afirman con orgullo: "somos un pueblo solidario. Cuando hay que ayudar ayudamos", y se sonríen y se sienten satisfechos y duermen cómodamente y sin sobresaltos por las noches.

Pero... yo no estoy de acuerdo. No somos más solidarios que cualquier otro país. No nos distingue la solidaridad y, menos aún, nos da superioridad moral alguna. No, perdónenme en verdad, pero no. Chile no es un país solidario. Y no los somos porque nuestros "pecados" como sociedad son tanto de acción como de omisión.

Las tragedias que cada cierto tiempo nos azotan, hacen que sintamos la necesidad de ayudar y de que no ayuden y protejan. Y nuestros mesías de los mass media nos aúnan en campañas para ir en ayuda de quienes más nos necesitan. Y, al igual que la viuda pobre que da sus dos monedas de cobre, millones de chilenos donan lo que pueden para ayudar, porque realmente creen que ayudan. Pero tras la viuda pobre, aparecen los fariseos que dan sus millones de monedas de oro. Y quienes observan se sorprenden y maravillan y dicen "Qué buenos son estos señores empresarios que donan mil millones para la reconstrucción" Pobre gente ilusa... no saben que nunca es bueno el que pregona de serlo.

Vamonos por parte.

No puede el nuestro ser una país solidario si un pequeñísimo porcentaje de él concetra casi el 80% de las riquezas, y nos las comparte ni tiene intenciones de hacerlo. Si usted, amable lector, piensa que determinado empresario o empresa es "buena" porque donó una importante cifra frente a las cámaras, lo siento, pero desengáñese. Con los impuestos que no va pagar por el concepto de "donación", le aseguro que salió ganando con lo donado. Y las empresas donan, que sé yo, cien millones, pero gastan quinientos en publicidad para anunciarle a todos los chilenos que ellos son buenos y donaron cien. Algunas empresas son tan pero tan buenas, que donan "Cien", pero después papá gobierno les hace un contrato exclusivo para la reconstrucción por "mil". ¡Cuánta bondad!

Después, qué decir de nuestra primera autoridad, que no solo no contento con no cumplir su palabra de vender sus acciones de varias empresas antes de asumir la primera magistratura, luego de que los hace, busca la manera de pagar la menor cantidad de impuestos posibles, aún a sabiendas de que el país necesita recursos con urgencia. Claro, no violó ninguna ley. No hizo nada ilegal... ¿Pero y la ética? ¿Dónde está la moralidad? ¿Cómos se puede predicar con el ejemplo entonces? Quizá usted me diga: "Bah, cualquiera hubiese hecho lo mismo" Tal vez... pero no estamos hablando de que el cajero automático le pase un billete de dosmil en lugar de uno de mil... estamos hablando de 50 millones de dólares en impuestos... ¿Cuánto se puede hacer con eso? ¿Puede usted dimensionar esa cifra, imaginarla en sus manos? Lo que hizo el presidente es lo mismo que pasar junto a un hambriento con la billetera llena de dinero y no darle siquiera un trozo de pan. No hizo nada malo, pero tampoco nada bueno. Nada bueno pudiendo hacerlo y eso, eso si que es malo.

Nuestros medios de comunicación, con una responsabilidad social nunca antes vista, cubrieron para nosotros la tragedia, las lágrimas y el dolor. Pusieron en nuestras pantallas a las víctimas una y otra vez, trasnformando la pena en algo carente de sentido, convirtiendo a las mismas personas en "cosas" para vender a la hora de las noticias. A un niño que necesitaba recobrar su vida normal, lo marcaron para siempre con el triste apodo de "Zafrada" y las autoridades en pleno corrieron a sacarse fotos con él. Y el pobre niño no necesitaba nada de eso, sino solo una casa digna y una escuela donde estudiar. Sin parafernalia, sin flashes, sin pelotas de fútbol presidenciales.

Y el pueblo. La gente. Se lo traga todo sin procesar. No se cuestiona nada. Absorbe y absorbe como esponjas sin límite. Se deslumbra con las luces de los reflectores, las sonrisas del cantante sin talento y las nuevas pechugas de la modelo de moda en la farándula. Algunos hasta pintan su auto con consignas bien intencionadas y otros izan las banderas en casa. Y mientras, las isapres y las AFPs les chupoan los sueldos. Y mientras, siguen explotandolos porque no se sindicalizan. Y mientras, les van a privatizar empresas que son de todos, pero no me interesa. Y mientras, todos queremos ser ricos y exitosos y los demás que se las arreglen como puedan.

No, no somos un país solidario. Tenemos dentro nuestro el potencial para serlo. Pero se necesita más que un terremoto 8,8 para despertar a nuestras adormiladas almas.
Vale.

jueves, 4 de marzo de 2010

La gran grieta

 


Sin duda, después del sábado pasado, nuestras noches no serán las mismas durante un largo tiempo. Podría utilizae este espacio que siento como lo más mío para hablar de aquello, del miedo y la angustia, de lo que hice en esos atroces momentos en que la tierra se sacudió para mostrarnos quién es la que manda en verdad, pero no. Podría quizá hacer llamados a la solidaridad, a colgar banderas chilenas en nuestros pórticos, a donar dinero para la teletón de "Chile ayuda a Chile", pero creo que mis palabras no modificaran las decisiones que en el corazón de las personas ya están tomadas.
Quiero, en esta ocasión, hablar de otras cosas. Temas que para mí son tan trágicos como el terremoto que nos afectó como país. Quiero hablar del terremoto que nos afecta como nación, quiero hablar sobre la gran grieta que parte el corazón de Chile.
Los medios de comunicación, ávidos de sintonía que es lo mismo que decir dinero, nos muestran desoladoras imágenes de las zonas más afectadas, y no bastando ya el dolor que causa la destrucción material de Chile, nos invitan a presenciar en alta definición, saqueo a supermercados, centros comerciales, farmacias. Con horror comprobamos que nuestros compatriotas no buscan presas del hambre solo alimentos y agua para dar de comer a sus hijos, sino que vemos como bajo sus brazos llevan consigo televisores de plasma, lavadoras, botellas de whisky, reproductores de música y una serie de artilugios que nada tienen que ver con satisfacer las necesidades básicas del ser humano.
Ergo, asistimos al patético espectáculo de vecinos armándose de palos, cuchillos y armas de fuego para defender sus propiedades, porque alguien les dijo que escuchó a alguien que había dicho que un amigo sabía de alguien que vio a sus vecinos preparándose como una horda de bárbaros para saquear los barrios de la gente decente. Y otra vez, desde el otro lado del río, los invasores se dejarían caer para arrebatar los frutos de toda una vida a la gente bien de nuestro país que también sufría, pero en orden.
Y como ningún espectáculo está completo sin una gran actriz, la alcaldesa de Concepción y futura intendenta de la región del Biobío, llamaba a los militares a imponer el orden porque no pasaba de otra noche antes de que el caos fuera total y los salvajes hicieran mella de toda la población y la sacrosanta propiedad privada. Ella debía trasmitir calma, pero solo infunció pánico en sus electores.
Esa, amigos míos, es la gran grieta que terminó de desnudar el terremoto del sábado. No la provocó el sismo, la grieta ya estaba desde hace siglos, a veces más pequeña, pero nunca reparada, solo cubierta de estuco para que no se viera.
Estuco y pintura, para que la OCDE, el Banco Mundial, la ONU, el Banco Interaméricano, nuestros vecinos del continente, los turistas, nadie, nadie la viera. Y nostros, como pueblo, como nación, de tanto no verla y a la fuerza tratar de no pensar en ella, olvidamos que allí estaba realmente. 
La grieta, profunda y oscura, atraviesa a la mitad el corazón de nuestra patria. A través de ella podemos ver lo que realmente somos: un país pobre e injusto. Un país que se vanaglorió de los triunfos de un puñado de hombres especuladores, sin darse cuenta de que el pueblo solo recibía las migajas del éxito. Un país clasista y racista, que se ríe de los morenos, de los indios, de los pobres. Un país donde el capitalismo salvaje nos adormeció con su veneno, mientras nos susurraba al oído "todo está bien... para qué preocuparse..."
¿Qué queríamos realmente? ¿Clases de civilidad de quiénes no recibieron en su vida una educación de verdad? ¿De quienes no participan en las decisiones del país? ¿De quienes son excluidos sistemáticamente del mundo de la cultura, las ideas, la participación? ¿Qué querían realmente los medios, si ellos les han vendido circo por décadas a esos jóvenes saqueadores, mostrándoles cosas que no pueden tener, mundos a los que no pueden aspirar, estereotipos que no debieran imitar?
Lo que sucedió después del terremoto es la suma de lo mal que hemos hecho a nuestra nación. Es la verdad del modelo de sociedad que hemos construido, ya sea como dirigentes o como silentes, porque aquí sí que el que calla otorga.
¿Cómo podíamos realmente pretender que esos jóvenes que escapaban con plasmas bajo el brazo estuvieran mejor con una pala ayudando a sus compatriotas sepultados por el maremoto, si nunca nadie les mostró una veta de moral, de cívica? ¿Si nadie les dijo que sus vidas valían tanto como las de cualquier otro chileno, de cualquier otro ser humano? ¿Si les mostramos que la gente no vale por el solo hecho de ser personas, sino por el auto que maneja, la casa en la que vive y el televisor que contempla?
Nuestro presidente electo dice que los más importante es restablecer el orden público. Y tiene razón, pero él cree, ilusamente, que con toques de queda y uniformados en la calle basta. Pero se equivoca, pues el orden solo vendrá cuando nuestra sociedad sea realmente más justa. Cuando nuestros colegios sean iguales en calidad en Penco y en Vitacura. Cuando nuestros hospitales tengan la misma tecnología y calidad profesional que las clínicas privadas. Cuando los trabajadores y los empresarios se sienten en una mesa a negociar en igualdad de condiciones. Cuando una violación sea tan atroz en La Granja como en Las Condes. Cuando un hombre aindiado no sienta vergüenza al hablar con el gerente del banco.
Solo entonces, veremos a jóvenes con libros en sus manos.
Solo entonces se reparará la grieta.
Solo entonces el Reino de Dios estará más cerca de nosotros.
Solo entonces, amigos míos, podremos morirnos tranquilos.