domingo, 18 de octubre de 2009

"El tiempo, el implacable, el que pasó". *




Ya tarde se sentó frente al computador. Había terminado el día. Un día más como tantos otros, monótono e intrascendente. Otra hoja más en el calendario, otro año más como los anteriores. Se sentó a oscuras frente a la pantalla del computador que iluminaba débilmente la habitación. ¿Habría, en ese mismo instante, otros hombres como él, sentados solos y a oscuras en su habitación? De qué le habían servido tantas y tantas preguntas que nunca encontraron respuesta. Se sentó a oscuras a meditar, a recordar. Recordar se había transformado en su ejercicio favorito, y tantó llegó a recordar, que muchas veces sintió miedo de que sus recuerdos no fueran más que invenciones y engaños del corazón.
A oscuras, sentado frente al computador, suspiró por los sueños que murieron sueños, por los ideales apartados por el día a día, por el amor que lo desangraría y que nunca llegó. Una lágrima apareció al recordar al niño que jugaba solo en el patio de sus abuelos, con tapas de ollas, con envases vacíos, con pequeñas hojas de papel roneo que le daba su abuelo. Recordó también al adolescente siempre enfundado en su uniforme de liceano que fue. Tardes y tardes de soledad después del colegio. Solo los libros y la radio por compañeros, por amigos. ¿Sabría la gente cuán solo puede sentirse un joven? Otra vez las preguntas... y mientras otros besaban, él contemplaba los besos de otros. Los leía en libros, los veía en películas. Y se pasó la juventud besando Dulcineas, Beatrices, Amarantas y Marías. "Solo Dios sabe si existen, Sancho".
Después, por unos cortos años creyó conocer la grandeza del hombre, el esplendor. Sí, había un mañana, un futuro. Y se sentía alegre bajo añosos árboles y derruidas salas de clases. Feliz de escuchar a los profesores y tener amigas, muchas amigas. Y reir y reir y reir. Y conversar, pensar, discutir, amar. "Construiremos algo grande, seremos partícipes y no espectadores" Cuán iluso fue.
Ahora, ahora mismo, él está sentado solo, cansado y a oscuras frente al computador. Ha pasado otro año y no le quedan más que recuerdos felices. Ya no hay risas, ni sueños. Porque él ya no sueña. Algo se quebró. Su único anhelo es la evasión, la melancolía. Él, a oscuras, ya no se siente él. Y así, sentado en la oscuridad de su habitación, se duerme.
Mañana, otro día más y a envejecer.

*Título de una canción de Pablo Milanés.

sábado, 3 de octubre de 2009

Colusión por el cambio.



A.A.: Siendo las 3:33 de la mañana, se abre la sesión en nombre de Dios...
(Risas)
A.A.: ¡Silencio! Tenemos mucho que discutir, así que hay poco tiempo para reir. Las cosas no están tan cocinadas como creímos... el debate no fue lo que esperamos, sinceramente.
C.L.: ¿Y qué esperabas? Ese narigón memorión...
R.H.: Calma, calma. No se sulfure Carlos. Mire que se va arrugar más y con razón le van a seguir diciendo momio. Simplemente hay que seguir con la estrategia. Negar y negar. Si algo aprendí en mis MBM y mis PHD en los más prestigiosos college en yuesei es que los chilenos tienen pésima memoria...
Todos: ¡Aleluya, amén! ¡Aleluya, amén!
C.L.: ¿Usted cree, Rorrito?
R.H.: ¡Ofcorse, don Carlos! Sí no, pregúntele a Evelyn...
E.M.: ¿Qué pasa conmigo?
R.H.: Nada, nada, guachita. Pero, ¿Te suena de algún lado una radio Kioto?
E.M.: Eh... déjenme pensar... ¿Me la regaló mi papá?
R.H.: No lo creo. ¿Quizá un señor dueño de un canal?
E.M.: ¿Seba?
R.H.: No, loquilla. Un caballero que ya está en el Santo Reino.
(Más risas)
E.M.: Este... no. Nada.
R.H.: ¡Ve don Carlos!
C.L.: ¡Macanudo!
R.H.: Como decía mi inspirador, Joseph Goebbels: "Miente, miente, que algo quedará".
(Vítores espontáneos y risas macabras entre el público)
A.A.: Ya, ya. Basta. Queda mucho por hacer todavía. El desalojo peligra si nos confiamos. Y no podemos perder, miren que ya compré las pintura para mi nueva oficina en el Ministerio del Interior: negro oscuro...
P.L.: ¡Epa, Andrecito! Ya habíamos conversado...
A.A.: Usté lo dijo: CON-VER-SA-DO. No A-COR-DA-DO...
C.L.: ¡Qué soberbio spelling!
A.A.: Gracias (sonrojado)
P.L.: Miren, la cosa era así: si el presi era RN el ministro del interior era UDI y viceversa...
(murmullos)
R.H.: Amigos, no nos entrampemos en las viejas discusiones de siempre. Ya habrá tiempo para la repartija después del desalojo...
P.L.: ¡Claro! Como tú ya tienes asegurado el ministerio de propaganda...
R.H.: Se llama Secretaria general de la presi...
S.P.: ¡A callar!
(El público se arrodilla y colocan la frente y las palmas en el suelo. Los de la testera saludan extendiendo el brazo derecho)
R.H.: ¡Amo y señor! No lo esperábamos aún...
S.P.: Así veo, ineptos. Con razón no subo en las encuestas. Ustedes solo se dedican a repartirse la torta. Hagan como yo... no repartan.
C.L.: Sabias palabras, milor. Bien decía mi santa madre (risas muy bajas) que no es bueno limpiarse el popó antes de obrar.
S.P.: ¡Tatsrait, Charles! Gracias a su incompetencia, me vi muy mal en el debate...
P.L.: (entre dientes) y gracias al cirujano plástico también...
S.P.: ¿Cómo dices, Pablito?
P.L.: No, nada.
S.P.: Más te vale. Mira que ese ministerio ya tiene tu nombre...
A.A.: ¡Pero Seba!
S.P.: ¡Shatap! Aquí el que tiene el billulo manda y ese soy yo.
Todos: ¡Aleluya, amén!¡Aleluya amén!
S.P.: ¡Muchachos, la contienda es desigual! Si no, ¡pregúntele a Arrate!
(Risas demoniacas y febriles de la concurrencia)
S.P.: Ya, fuera de bromas, hay que parar la chacota. MEO me jode con lo de las platas de campaña y el Narigón delator sacando cosas de mi pasado. Esto puede salirse de control. Sin contar que la mamá de Chile no deja de crecer en las encuestas. Es por eso que he ordenado a mis esbirros en CHV, COPESA y EL MERCURIO que insistan en nuestras ideas fuerzas de campaña: la delicuencia, la puerta giratoria, la cesantía.
R.H.: ¡Sí, amo, sí! Hay que insistir en eso de los problemas reales de la gente. Nada de cambios constitucionales, reformas laborales, crecimiento del Estado...
(El público se estremece ante la pronunciación de la última palabra)
Todos: ¡Líbranos, Señor, del Estado!
S.P.: Gud, gud. Eso es. ¡Pronto los sith volveremos a gobernar!
Todos: ¡Ñaca, ñaca, ñaca! (Cantan)¡AFP sí, Estado NO! ¡Isapre sí, Fonasa NO! ¡Empresarios sí, Políticos NO!

(To be continued...)

viernes, 25 de septiembre de 2009

Malos sueños



Como sueño era curioso, porque estaba lleno de olores y yo nunca sueño con olores... No, esperen, creo que eso ya lo ha escrito alguien antes. Bueno, de todas formas era curioso, extraño. Mis sueños hace un tiempo han estado así, por decir lo menos. Hoy me cuesta dormir y antes me quedaba dormido en los momentos más inoportunos.
Pero no quiero desviarme. Este último sueño me ha dejado de sobre manera excitado, nervioso, angustiado. Siento que necesito cojurarlo de alguna manera y la única que se me ocurre es contándolo.

Era ya de noche. No recuerdo cómo llegué a un almacén. Había luz dentro, pero parecía como de vela o de una ampolleta de pocos vatios. Las paredes del lugar eran de un color verdusco mugriento. Todo el ámbito estaba plagado de un olor dulzón, similar al de las heridas infectadas. Sabía que allí debía haber estado mi familia, algunos amigos, alguien conocido y querido, pero sin embargo el lugar estaba vacío. Busqué por todos lados, llamé en voz alta, pero no contestó nadie. Mi ansiedad iba en aumento. Afuera, a través de las pequeñas ventanas, solo se veía un profundo negro del la noche sin estrellas, sin luna, sin nada. Volví a repasar con la vista el sitio, buscando algún vestigio de mis seres queridos, pero nada. Como siempre en estas situaciones, intenté tranquilizarme, racionalizar. La única conclusión: se trataba de un sueño. Solo debía despertar, varias veces lo había hecho antes. Bastaba con desearlo y ¡plaf!, los ojos abiertos y la tranquila soledad de mi dormitorio.
Sin embargo, esta vez no pude. Era como si unas cadenas, un peso enorme, unas manos gigantescas me impideran mover mi cuerpo, abrir los ojos. Sé que estuve a punto de lograrlo, porque alcancé a escuchar los ruidos de quienes estaban despiertos cerca; música a lo lejos, el ladrido de un perro, risas... mas mis ojos seguían cerrados y yo retornaba a la penumbra del almacén, rodeado de cajas ocres, frutas descompuestas, el repugnante olor de la peste...
Me desesperé. Sabía que estaba dormido y no podía despertar. Volvía a cerrar los ojos en el sueño, anhelando abrirlos y estar despierto. Otra vez casi lo logro, la música... la risa... el almacén. Allí seguía parado, ya presa del pánico. Y aun lo peor estaba por venir.
Algo estaba detrás mío. Lo sabía. Me observaba. Empecé a temblar. No quería darme vuelta y, no obstante, una fascinación se apoderó de mí. Comencé a girarme lentamente y allí estaba. No me pidan descripciones porque no puedo darlas. Mi cerebro no era capaz de armar, ordernar racionalmente lo que estaba viendo. No podía describirlo, pero sabía lo que era: el diablo.
No intenté escapar. Sabía que era inútil. Solo inentaba deseperadamente abrir lo ojos, o cerrarlos o gritar. Nada. Las lágrimas me corrían por la cara profusamente. Y empezó a reir, a reir, muy despacio. Casi no se podía oir su risa, pero reía, se reía de mí, de mi deseperanza, de mi soledad, de mi ausensia de Dios...
¿Por qué busqué tanto y no pensé en Dios?
El mismo que estuvo junto a mí tantas y tantas veces antes, a quién sentía tan cerca, tan a mi lado hace algún tiempo.
La voz de mi madre me despertó. "Levántate" me dijo. Lo agradecí en silencio.

Ahora, tengo miedo de dormir. Pero lo raro, es que no tengo miedo de volver a esa horrible pesadilla, sino de encontrarme en mi sueño con Dios. Es absurdo, pero me siento como el hijo que debe conversar algo muy serio con un padre severo. Me da miedo rezar, porque no sé que decirle a Dios. ¿Pedirle ayuda? Creo que no la merezco... ¿Pedirle perdón? ¿Pedirle consejo? Pedir y pedir... siempre pedir. Qusiera pedirle que me escuche, pero más importante, que yo pueda escucharlo... sentirlo como antes (aunque hasta de eso dudo ahora). Qusiera que fuera de carne y hueso por unos minutos otra vez y se sentara a mi lado, me tocara el hombro, me diera un abrazo.


sábado, 19 de septiembre de 2009

Frío



Paso las noches en vela
sintiendo el frío.
En mis manos,
en mis rodillas,
en mis pies,
el corazón.

Y siento que la alegría del mudo se contrae
y escapa.
Se funde en nada.
Y yo estoy a la mitad de nada.

Sintiendo el frío
paso la noches en vela.
Viene de mí
de mis entrañas,
de mi cabeza y mi pecho,
y no hay manta, calor ni abrazo que lo aplaque.

El sol es solo otra lámpara mortecina,
colgada del techo gris y húmedo.

El frío me congela,
me vuelve pétreo
y siento que ya nada puede entra en mí.

Dios no es más que un recuerdo,
un eco,
una vibración,
una campana lejana
que ya no me convoca.

Sé que estás ahí,
que existes,
que no te importo.
Por eso me duele haber crecido creyendo en tu Amor.

Ahora estoy compeltamente solo
y no hay ser humano en el mundo capaz de entender mi dolor,
mi frío.
Solo me declaran sus buenas intenciones.
Gracias,
pero no es necesario:
cuando el frío viene de adentro,
no hay estufa,
abrazo,
manta,
sol
ni Dios
que lo aplaque.

domingo, 13 de septiembre de 2009

La respuesta...

 
Ay, María Paz… tanto quisiera decirte y no hallo las palabras…
Con razón me acusas de cobarde, ¿Cómo voy a enojarme contigo por eso?
Pero estoy enfermo, María Paz, de la peor de las enfermedades: la del alma. Y necesito sanar, porque yo ya no era yo, María Paz. Era, soy aún, alguien que ya no amaba, que no sentía hincharse el corazón con lo que hacía. Estoy lleno de amargura, de pena y tengo la impresión de que mi corazón es algo parecido a un pez negro, que apenas aletea en mi pecho.
Es verdad que escapé, como han escapado tantos otros, desde Héctor perseguido por Aquiles hasta el pobre tipo que un buen día decidió saltar por la ventana del décimo piso. Escapé porque no podía escapar de mí, pero sí del dolor, del cansancio, del hastío. Al menos eso creo… quizá es una inocencia pensar que se puede escapar de esas cosas…
Tienes mucha razón, querida María Paz. Solo en algo te equivocas: no me rendí tan pronto. Dios es testigo de que lo intenté, de que luché por sobreponerme, por levantarme. Pero no pude, María Paz, no pude.
¿Haz sentido, cuando te acuestas, que una enorme piedra te oprime el pecho? ¿Qué un nudo se estrecha cada día, cada hora, cada segundo, más y más alrededor de tu cuello?
Era la angustia, María Paz, la angustia. Y lloraba a todas horas, y deseaba que un tren me pasara por encima con tal de no llegar al colegio, con tal de no escuchar las palabras hipócritas, con tal de no ver las caras falsas, de no sentir sobre mí las miradas de odio, de desdén, de quienes me creían su enemigo solo por no pensar como ellos, por no bailar a su ritmo, por no llevarles el amén.
¿Cuál fue mi pecado María Paz? ¿Podrías tú decírmelo?
Porque para muchos, mi pecado fue querer más de la cuenta. Confiar en las personas. Tener fe en las personas.
Creer que podíamos ser mejores, María Paz.
Creer que había algo más allá de las buenas notas, de las planificaciones, de los planes y programas, del SIMCE, de la PSU…  creer que más allá de todo eso estaban las personas, la solidaridad, la justicia, el amor.
Mi pecado fue ese, María Paz: construir castillos en el aire…
¿Qué más puedo yo decirte María Paz?
Qué bello nombre es tu nombre, María Paz.
Podría decirte que tu mala nota (la única, me parece) fue porque tu edición de los cuentos de Manuel Rojas no era Zigzag, sino Nascimento, si no me equivoco. Y que te enojaste porque yo había dicho “mala suerte” ante tus reclamos. ¿Nunca te pedí perdón por eso? Pues los siento, María Paz, lo siento mucho. Te pido perdón por eso y por todo lo demás. Por irme, por no haber sido más fuerte, pero ya ves que tengo vocación de esponja y no de piedra.
Una última cosa, María Paz. Y créeme, porque si he de decir la verdad alguna vez en la vida será esta vez: mi cariño, mi amor, mi admiración por ti, por el Bastián, por tus compañeros, por tantos y tantos alumnos de tu curso y de otros, es verdadero. Y lo llevo conmigo para siempre, porque como tú dijiste, por más que me esconda no desaparecerá.
Es verdad que ya no volveré. Pero no será el adiós. Más temprano que tarde, con la ayuda del Buen Dios sanaré, y entonces volveremos a vernos, a conversar y tú me contarás tu vida, tus alegría y tus penas, tus logros y tus fracasos, y nos reiremos como antes.
Por favor, perdóname María Paz. Dale un abrazo de mi parte al negro y dile que no se fugue más de la sala con la Dani. También saluda a la María Luz y dile que hubiese querido mucho conocerla más, como a ti. También al Walter y, por supuesto, al Felipe. ¡Qué buen niño es el Felipe!
Sígueme escribiendo, aunque solo sea para demostrarme tu enojo que merezco.
Tú y muchos de los chiquillos del Santo Cura ya no son mis alumnos, eso es verdad. Pero es más verdad que no son mis alumnos porque son algo más que alumnos: son mis amigos.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Mi dolor no es menos...


Me ha costado un tanto acostumbrarme a mi nueva vida de desempleado... bueno, eso y el hecho de estar medio "tocado" de la cabeza y del espíritu. Supongo que sentirse extraño es algo normal después de experimentar cambios tan bruscos como súbitos en la vida. Hace dos semanas, era un profesor con siete años de antigüedad y hoy... hoy ya no sé lo que soy. O tal vez sí: soy un desempleado, un cesante ilustrado. Al menos, lo elegí yo, y no fue tan difícil ante la disyuntiva: o salto del tercer piso del colegio o lo que es peor, tiro a alguien del tercer piso del colegio. Y aquí estoy, con mis años a cuestas, mi dolor de espalda que me parece ya parte del paisaje, mis bruscos cambios de humor, mi apatía criminal, mi pena profunda. 
¿Cuántos años hacía que me levantaba antes de las seis de la mañana? Ya no recuerdo, me parece que siempre. Como me parece que siempre hubiese estado dentro de una sala de clases, ora como estudiante, ora como profesor. ¿Cómo no va a ser raro entonces, levantarse y descubrir que se tiene todo el tiempo del mundo por delante... ? Hoy me sobra el tiempo, pero me faltan las ganas, los objetivos. 
Ahora mido el tiempo no en horas pedagógicas, recreos y campanadas, sino por intervalo entre cápsulas y pastillas, visitas al médico y a las farmacias.
Ahora, mi teléfono suena y suena, pero no contesto.
Ahora recibo mensajes y correos, pero no contesto.
Ahora cierro las ventanas, las cortinas y me escondo.
No quiero ver a nadie... al menos por ahora. Necesito paz por un tiempo, necesito pensar (volver) a pensar con claridad, volver a encontrar el amor por las cosas que amaba y ahora miro con desdén, con abulia. Necesito, quiero, volver a gozar con un libro, con la escritura, con la conversación. Me urge disfrutar los viajes en micro o en tren, imaginar, soñar, reir... reir de verdad, sin esa mueca que se me instaló en la cara hace tiempo, sin darme cuenta cuándo, cómo ni dónde.
Y, sin embargo, no se puede dejar atrás lo vivido. No se puede olvidar el tiempo vivido, no de puede simplemente olvidar el amor, el cariño. Porque sé que el costo de intentar sanar mi ajada alma no fue solo renunciar a un trabajo que hace tiempo me hacía infeliz, sino también renunciar a las personas y a las cosas que quería, que quiero.
¿Por qué? es la pregunta habitual de los mensajes que recibo. ¿Por qué...? Hay tantos  porqués ahora... quisiera decirles a todos mis amigos, mis compañeros que dejé allá, tan lejos me parece ahora, en el colegio, decirles, robándome las palabras de Milanés: "que mi dolor no es menos y lo peor es que ya no puedo sentir..." Sé que el tema de esa bella canción no viene al caso, pero al escucharla, me parece que sí podría equipararla a mi situación. "Por mi parte esperaba que un día el tiempo se hiciera cargo del fin". Así fue, el tiempo llegó al fin.
Y, qué tontería, me pregunto cosas como, ¿qué será de mi tarjeta del reloj control? ¿De mi tazón para el café? ¿De mi estante? ¿De los libros que abandoné? ¿De mi silla y mi chaleco? ¿De la corchetera, los lápices, las fotos, mi timbre?
¿Qué será, Señor, de mí?

sábado, 5 de septiembre de 2009

Un simple papel...



Con un simple papel y un par de firmas, se fueron siete años de mi vida.
Con un simple papel en triplicado
Con un simple timbre
Con un simple "firmó ante mí"
Con la mirada adusta de un notario
Con las paredes limpias, frías, perfectas, muertas
de un céntrico edificio.

Con un simple apretón de manos,
con un "Que Dios lo inspire o que Dios lo ampare".
Con una simple llovizna de cuatro de septiembre
y un vendrán "tiempos mejores".
¿Y lo vivido quién me lo devuelve?
¿Y el cariño quién me lo descuaja?
Y estos años...
¿Para qué estos años?

Y ahora en mi nuca siento el desprecio,
de quienes pronto me clavarán sus tórridas palabras
porque los he abandonado a mitad de la contienda
porque me han derrotado
porque fui vencido
porque estoy quebrado.

¿Y el amor, quién me lo devuelve?
La fluoxetina?
El alprozalam?
El diclofenaco?
La ciclobenzaprina?
El paracetamol cada cuatro horas?

Con un simple papel en triplicado
y mi firma borrosa y corrida
por una gota furtiva
se fueron los años veinte de mi
vida.

domingo, 30 de agosto de 2009

Esta noche



Ha caído profunda la larga noche en mi alma
y siento que la vida me abandona.
No hay línea en el horizonte
y las estrellas no son más que luces muertas y frías.

Para qué vivir esta vida
si las esperanzas yacen en otras vidas
que viví fuera de mí?
Nada es lo que esperaba

Yo no soy yo:
soy otro que murió hace tiempo.
Mi fantasma se me aparece por las noches
y me pena por no ser él.

Mi cadáver se corrompe en una sala de clases,
en los patios,
las oficinas,
la sala de profesores.

Para qué vivir esta vida
si construí mi casa sobre la arena?
Para qué
si la angustía y el vacío
hacen su lecho en mi garganta?

Ya no queda nada!
Ya no queda nada!
tal vez, solo un grito ahogado en la noche
y una ventana cerrada y sola.

Me ha caído profunda la noche
y solo me queda el recuerdo del sol.
Ya nada queda
que no sea vacío, pena y dolor.

martes, 11 de agosto de 2009

Monstruos


No hay peores monstruos que los que uno mismo ha creado. La frase anterior, se aplica plenamente al siempre perfectamente despeinado Marco Enríquez Ominami, alias "MEO" según la prensa chilena, tan ingeniosa como siempre. Y es que si la concertación pierde la presidencia en diciembre, será más por sus errores que por las virtudes (escasas, claro está) de la derecha.
Enríquez es quizá el peor error de la concertación, un monstruo creado por la estupidez de algunos dirigentes, que despreciándolo solo contribuyeron a fortalecerlo. Y siguen fortaleciéndolo. MEO no ganará la elección y dudo que pase a segunda vuelta, pero que ayudará al "gerente" y su pandilla feliz a llegar a La Moneda, no hay ni que negarlo.
Hace solo meses, Enríquez Ominami no pasaba de ser un diputado "lolei" y buena onda que se paseaba para arriba y para abajo con su amigote Escobar... Eso hasta que se le subieron los humos a la cabeza y se le metió la idea de que además de ser pésimo director, podía ser pésimo presidente de la república. Estaba en todo su derecho, y decidió competir, pero no, los idiotas de siempre, que han socavado una y otra vez a la concertación, le dijeron nones, no lo tomaron en cuenta y, estoy seguro, se rieron de él. "¡Qué va a competir este gallo!" "Y a este, ¿Quién lo conoce?" deben haberse dicho entre carcajadas. Idiotas...
Si MEO hubiese participado en las primarias de la concertación, no habría pasado de ser una anécdota, un pequeño bache y todos a trabajar por Frei... pero no. Dale con "ningunearlo", dale con no "pescarlo". Lo inflaron, lo dejaron crecer entre pataleta y pataleta, entre berrinche y berrinche frente a las cámaras acusadoras de la televisión. "Que la concertación es un feudo" "que hay caudillos" "Que no dejan participar" y el show había comenzado.
Para empeorar las cosas, una vez que "Marquito" se instaló en las encuestas y en el inconciente colectivo de quienes no están contentos con la concertación, pero no le creen nada al gerente, en lugar de dialogar, de buscar acuerdos, de llegar a un trato como "Mira, Marquitos, ya que estamos con esas, en buena onda, el que pase a segunda vuelta apoya al otro, ¿Ok? ¡Ok!", siguieron atacándolo, despreciándolo, haciéndolo más grande. Pusieron contra la espada y la pared a su padre, como si no fuera anti natura que un padre no apoyara a su hijo y, para rematar el circo de la estupidez concertacionista, comenzaron a atacar a la esposa de MEO porque trabaja en TVN y, según algunos desgreñados miembros del comando de Frei, eso era poco ético, saltándose el hecho de que casi toda el área dramática de TVN había participado en las campañas desde Aylwin a Bachelet...
Mientras, el gerente y su séquito neoliberal se frotaban las manos y Frei: "Bien gracias, de eso no hablo".
Enríquez, hasta ahora, solo ha demostrado demagogía, transformándose en el digno sucesor de Lavín. Qué más demagogo que un candidato que a propósito de la pena de muerte, dice que "ate dilemas ético y morales, debiese ser el pueblo quien decidiese". Claro, el pueblo es experto en materias éticas y seguramente ocupará su razón y no su corazón si le preguntamos ¿Está usted de acuerdo con matar a los violadores psicópatas asesinos de niñas inocentes? Sobre todo, con la profesional mirada que nuestros medios le dan a las noticias de esta índole.
Con todo esto, solo gana la derecha. La culpa es del chancho, pero también de los que le han dado una y otra vez el afrecho. Los mezquinos egoísmos de unos y los mezquinos intereses de otros, pondrán a los más egoístas e interesados en el gobierno, encabezados por el gerente.
Vale.

domingo, 5 de julio de 2009



El continente de los Simios

“¿Saben la razón por la que en Estados Unidos nunca ha habido golpes de estado?... Porque en Estados Unidos no hay embajada de Estados Unidos…”

Presidenta Michelle Bachelet durante conferencia en Washington.


Hace poco más de una semana, el mundo entero ha sido sorprendido por una noticia que en los albores del siglo XXI aparece casi como increíble. Una especie que se creía extinta desde finales de los años 80 ha sido hallada nuevamente en Centroamérica: se trata del Gorilla anteoculus nigrum Sp., especie, sin duda, no tan majestuosa como la de sus primos africanos, pero sí bastante más agresiva y sumamente territorial, sobre todo, con lo que consideran suyo por derecho propio.


Desde inicio de la década de los 70, esta especie que se había circunscrito siempre a determinadas regiones, comenzó a proliferar de manera explosiva, dejándose ver con inusitada frecuencia y violencia. Unos pocos ejemplares fueron invadiendo diversos países de la región, avasallando a quien osara ponérseles por delante. Es verdad que estos gorilas fueron cobrando fuerza, en gran medida, gracias a la alimentación exagerada que “naturalistas” estadounidenses les proveyeron y que, además, los gorilas se transformaron en las mascotas favoritas de las clases burguesas de los países americanos. A tanto llegó la popularidad de estos gorilas, que en los regimientos y cuarteles de las fuerzas armadas, se tuvo a varios corriendo alegremente por sus patios.

Como los gorilas era fuertes, fueron cobrando más y más poder, tanto que varios llegaron a generales y luego, después de asistir a cenas en la embajadas de Estados Unidos y bombardear algunos palacio presidenciales, se proclamaron presidentes, se colgaron medallitas y se dieron pomposos títulos como “Gorila General en Jefe”, como queriendo emular a los próceres o al Dux. Hay que recordar que nada de esto hubiese sido posible sin el apoyo de ciertos hombres de negocios a quienes los gorilas obedecían secretamente, como criaturas bien amaestradas que eran.


Así, durante los 70 y 80s, los gobiernos tuvieron juntas de gorilas y una serie de homínidos se hicieron cargo de la justicia y los primates del congreso. Inclusive, algunos simios se vistieron de sotana y justificaron las atrocidades de sus gorilas en jefe. Otros macacos (principalmente mandriles) encabezaron los organismos de inteligencia, secuestrando, torturando y haciendo desaparecer a quienes no disfrutaban de observar en cadenas de radio y televisión a los monos que tenían el poder. Tristemente célebre fue “Macaco Contreras” en Chile, que incluso osó poner bombas en pleno Washington.


Pero como nada es eterno, el pueblo de América poco a poco se fue desasiendo de los odiosos simios, a través de los medios pacíficos en que los gorilas no creían. Durante los 90, no volvimos a verlos, aunque sus huellas quedaron, pues aunque desaparecieron los gorilas, quedaron los monos más chicos, pero no por eso menos dañinos. Muchos de estos pequeños simios estudiaron en prestigiosas universidades Norteamericanas sistemas económicos Neoliberales que dejaron huellas de pobreza en sus pueblos, difíciles de revertir. En Chile, incluso, armaron constituciones que les permitían seguir atornillados en reductos de poder.


Pero en Honduras, hace poco más de una semana, los gorilas se dejaron ver nuevamente. Estuvieron escondidos en las mansiones de los poderosos de su país, esperando, maquinando, comiendo bananas. Hasta que les llegó el momento. Entraron a hurtadillas en el palacio presidencial, secuestraron al presidente, los metieron en un avión y adiós con él. Lamentablemente, otra vez, las fuerzas armadas se cuadraron con los gorilas y no con su pueblo, demostrando la predilección de generales y almirantes por los plátanos que les da la alta burguesía.


Afortunadamente, esta vez a los gorilas no les fue tan bien como antaño. No encontraron eco en otros gorilas de la región, y la National Geographic Society con sede en la U.S. Embassy no mostraron interés por estos gorilas del siglo XXI. De hecho, la Organización de Control de Especies Americanas (OCEA), encabezada por el hábil José Miguel Pánzer, ha decretado que está autorizado cazar a los gorilas que intenten salir de las cloacas para tomarse el poder.


Aquí en Chile, hasta ahora parecemos estar tranquilos. Los simios inferiores están felices con el sistema que ellos mismos dejaron anclado y que les garantiza la mitad del senado para ellos. Inclusive, tienen un candidato presidencial que, aunque ha renegado de los gorilas que lo hicieron millonario, sigue siendo un simio como ellos. Con él se prueba eso de que aunque el mono se vista de demócrata, mono se queda.