sábado, 19 de septiembre de 2009

Frío



Paso las noches en vela
sintiendo el frío.
En mis manos,
en mis rodillas,
en mis pies,
el corazón.

Y siento que la alegría del mudo se contrae
y escapa.
Se funde en nada.
Y yo estoy a la mitad de nada.

Sintiendo el frío
paso la noches en vela.
Viene de mí
de mis entrañas,
de mi cabeza y mi pecho,
y no hay manta, calor ni abrazo que lo aplaque.

El sol es solo otra lámpara mortecina,
colgada del techo gris y húmedo.

El frío me congela,
me vuelve pétreo
y siento que ya nada puede entra en mí.

Dios no es más que un recuerdo,
un eco,
una vibración,
una campana lejana
que ya no me convoca.

Sé que estás ahí,
que existes,
que no te importo.
Por eso me duele haber crecido creyendo en tu Amor.

Ahora estoy compeltamente solo
y no hay ser humano en el mundo capaz de entender mi dolor,
mi frío.
Solo me declaran sus buenas intenciones.
Gracias,
pero no es necesario:
cuando el frío viene de adentro,
no hay estufa,
abrazo,
manta,
sol
ni Dios
que lo aplaque.

domingo, 13 de septiembre de 2009

La respuesta...

 
Ay, María Paz… tanto quisiera decirte y no hallo las palabras…
Con razón me acusas de cobarde, ¿Cómo voy a enojarme contigo por eso?
Pero estoy enfermo, María Paz, de la peor de las enfermedades: la del alma. Y necesito sanar, porque yo ya no era yo, María Paz. Era, soy aún, alguien que ya no amaba, que no sentía hincharse el corazón con lo que hacía. Estoy lleno de amargura, de pena y tengo la impresión de que mi corazón es algo parecido a un pez negro, que apenas aletea en mi pecho.
Es verdad que escapé, como han escapado tantos otros, desde Héctor perseguido por Aquiles hasta el pobre tipo que un buen día decidió saltar por la ventana del décimo piso. Escapé porque no podía escapar de mí, pero sí del dolor, del cansancio, del hastío. Al menos eso creo… quizá es una inocencia pensar que se puede escapar de esas cosas…
Tienes mucha razón, querida María Paz. Solo en algo te equivocas: no me rendí tan pronto. Dios es testigo de que lo intenté, de que luché por sobreponerme, por levantarme. Pero no pude, María Paz, no pude.
¿Haz sentido, cuando te acuestas, que una enorme piedra te oprime el pecho? ¿Qué un nudo se estrecha cada día, cada hora, cada segundo, más y más alrededor de tu cuello?
Era la angustia, María Paz, la angustia. Y lloraba a todas horas, y deseaba que un tren me pasara por encima con tal de no llegar al colegio, con tal de no escuchar las palabras hipócritas, con tal de no ver las caras falsas, de no sentir sobre mí las miradas de odio, de desdén, de quienes me creían su enemigo solo por no pensar como ellos, por no bailar a su ritmo, por no llevarles el amén.
¿Cuál fue mi pecado María Paz? ¿Podrías tú decírmelo?
Porque para muchos, mi pecado fue querer más de la cuenta. Confiar en las personas. Tener fe en las personas.
Creer que podíamos ser mejores, María Paz.
Creer que había algo más allá de las buenas notas, de las planificaciones, de los planes y programas, del SIMCE, de la PSU…  creer que más allá de todo eso estaban las personas, la solidaridad, la justicia, el amor.
Mi pecado fue ese, María Paz: construir castillos en el aire…
¿Qué más puedo yo decirte María Paz?
Qué bello nombre es tu nombre, María Paz.
Podría decirte que tu mala nota (la única, me parece) fue porque tu edición de los cuentos de Manuel Rojas no era Zigzag, sino Nascimento, si no me equivoco. Y que te enojaste porque yo había dicho “mala suerte” ante tus reclamos. ¿Nunca te pedí perdón por eso? Pues los siento, María Paz, lo siento mucho. Te pido perdón por eso y por todo lo demás. Por irme, por no haber sido más fuerte, pero ya ves que tengo vocación de esponja y no de piedra.
Una última cosa, María Paz. Y créeme, porque si he de decir la verdad alguna vez en la vida será esta vez: mi cariño, mi amor, mi admiración por ti, por el Bastián, por tus compañeros, por tantos y tantos alumnos de tu curso y de otros, es verdadero. Y lo llevo conmigo para siempre, porque como tú dijiste, por más que me esconda no desaparecerá.
Es verdad que ya no volveré. Pero no será el adiós. Más temprano que tarde, con la ayuda del Buen Dios sanaré, y entonces volveremos a vernos, a conversar y tú me contarás tu vida, tus alegría y tus penas, tus logros y tus fracasos, y nos reiremos como antes.
Por favor, perdóname María Paz. Dale un abrazo de mi parte al negro y dile que no se fugue más de la sala con la Dani. También saluda a la María Luz y dile que hubiese querido mucho conocerla más, como a ti. También al Walter y, por supuesto, al Felipe. ¡Qué buen niño es el Felipe!
Sígueme escribiendo, aunque solo sea para demostrarme tu enojo que merezco.
Tú y muchos de los chiquillos del Santo Cura ya no son mis alumnos, eso es verdad. Pero es más verdad que no son mis alumnos porque son algo más que alumnos: son mis amigos.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Mi dolor no es menos...


Me ha costado un tanto acostumbrarme a mi nueva vida de desempleado... bueno, eso y el hecho de estar medio "tocado" de la cabeza y del espíritu. Supongo que sentirse extraño es algo normal después de experimentar cambios tan bruscos como súbitos en la vida. Hace dos semanas, era un profesor con siete años de antigüedad y hoy... hoy ya no sé lo que soy. O tal vez sí: soy un desempleado, un cesante ilustrado. Al menos, lo elegí yo, y no fue tan difícil ante la disyuntiva: o salto del tercer piso del colegio o lo que es peor, tiro a alguien del tercer piso del colegio. Y aquí estoy, con mis años a cuestas, mi dolor de espalda que me parece ya parte del paisaje, mis bruscos cambios de humor, mi apatía criminal, mi pena profunda. 
¿Cuántos años hacía que me levantaba antes de las seis de la mañana? Ya no recuerdo, me parece que siempre. Como me parece que siempre hubiese estado dentro de una sala de clases, ora como estudiante, ora como profesor. ¿Cómo no va a ser raro entonces, levantarse y descubrir que se tiene todo el tiempo del mundo por delante... ? Hoy me sobra el tiempo, pero me faltan las ganas, los objetivos. 
Ahora mido el tiempo no en horas pedagógicas, recreos y campanadas, sino por intervalo entre cápsulas y pastillas, visitas al médico y a las farmacias.
Ahora, mi teléfono suena y suena, pero no contesto.
Ahora recibo mensajes y correos, pero no contesto.
Ahora cierro las ventanas, las cortinas y me escondo.
No quiero ver a nadie... al menos por ahora. Necesito paz por un tiempo, necesito pensar (volver) a pensar con claridad, volver a encontrar el amor por las cosas que amaba y ahora miro con desdén, con abulia. Necesito, quiero, volver a gozar con un libro, con la escritura, con la conversación. Me urge disfrutar los viajes en micro o en tren, imaginar, soñar, reir... reir de verdad, sin esa mueca que se me instaló en la cara hace tiempo, sin darme cuenta cuándo, cómo ni dónde.
Y, sin embargo, no se puede dejar atrás lo vivido. No se puede olvidar el tiempo vivido, no de puede simplemente olvidar el amor, el cariño. Porque sé que el costo de intentar sanar mi ajada alma no fue solo renunciar a un trabajo que hace tiempo me hacía infeliz, sino también renunciar a las personas y a las cosas que quería, que quiero.
¿Por qué? es la pregunta habitual de los mensajes que recibo. ¿Por qué...? Hay tantos  porqués ahora... quisiera decirles a todos mis amigos, mis compañeros que dejé allá, tan lejos me parece ahora, en el colegio, decirles, robándome las palabras de Milanés: "que mi dolor no es menos y lo peor es que ya no puedo sentir..." Sé que el tema de esa bella canción no viene al caso, pero al escucharla, me parece que sí podría equipararla a mi situación. "Por mi parte esperaba que un día el tiempo se hiciera cargo del fin". Así fue, el tiempo llegó al fin.
Y, qué tontería, me pregunto cosas como, ¿qué será de mi tarjeta del reloj control? ¿De mi tazón para el café? ¿De mi estante? ¿De los libros que abandoné? ¿De mi silla y mi chaleco? ¿De la corchetera, los lápices, las fotos, mi timbre?
¿Qué será, Señor, de mí?

sábado, 5 de septiembre de 2009

Un simple papel...



Con un simple papel y un par de firmas, se fueron siete años de mi vida.
Con un simple papel en triplicado
Con un simple timbre
Con un simple "firmó ante mí"
Con la mirada adusta de un notario
Con las paredes limpias, frías, perfectas, muertas
de un céntrico edificio.

Con un simple apretón de manos,
con un "Que Dios lo inspire o que Dios lo ampare".
Con una simple llovizna de cuatro de septiembre
y un vendrán "tiempos mejores".
¿Y lo vivido quién me lo devuelve?
¿Y el cariño quién me lo descuaja?
Y estos años...
¿Para qué estos años?

Y ahora en mi nuca siento el desprecio,
de quienes pronto me clavarán sus tórridas palabras
porque los he abandonado a mitad de la contienda
porque me han derrotado
porque fui vencido
porque estoy quebrado.

¿Y el amor, quién me lo devuelve?
La fluoxetina?
El alprozalam?
El diclofenaco?
La ciclobenzaprina?
El paracetamol cada cuatro horas?

Con un simple papel en triplicado
y mi firma borrosa y corrida
por una gota furtiva
se fueron los años veinte de mi
vida.

domingo, 30 de agosto de 2009

Esta noche



Ha caído profunda la larga noche en mi alma
y siento que la vida me abandona.
No hay línea en el horizonte
y las estrellas no son más que luces muertas y frías.

Para qué vivir esta vida
si las esperanzas yacen en otras vidas
que viví fuera de mí?
Nada es lo que esperaba

Yo no soy yo:
soy otro que murió hace tiempo.
Mi fantasma se me aparece por las noches
y me pena por no ser él.

Mi cadáver se corrompe en una sala de clases,
en los patios,
las oficinas,
la sala de profesores.

Para qué vivir esta vida
si construí mi casa sobre la arena?
Para qué
si la angustía y el vacío
hacen su lecho en mi garganta?

Ya no queda nada!
Ya no queda nada!
tal vez, solo un grito ahogado en la noche
y una ventana cerrada y sola.

Me ha caído profunda la noche
y solo me queda el recuerdo del sol.
Ya nada queda
que no sea vacío, pena y dolor.

martes, 11 de agosto de 2009

Monstruos


No hay peores monstruos que los que uno mismo ha creado. La frase anterior, se aplica plenamente al siempre perfectamente despeinado Marco Enríquez Ominami, alias "MEO" según la prensa chilena, tan ingeniosa como siempre. Y es que si la concertación pierde la presidencia en diciembre, será más por sus errores que por las virtudes (escasas, claro está) de la derecha.
Enríquez es quizá el peor error de la concertación, un monstruo creado por la estupidez de algunos dirigentes, que despreciándolo solo contribuyeron a fortalecerlo. Y siguen fortaleciéndolo. MEO no ganará la elección y dudo que pase a segunda vuelta, pero que ayudará al "gerente" y su pandilla feliz a llegar a La Moneda, no hay ni que negarlo.
Hace solo meses, Enríquez Ominami no pasaba de ser un diputado "lolei" y buena onda que se paseaba para arriba y para abajo con su amigote Escobar... Eso hasta que se le subieron los humos a la cabeza y se le metió la idea de que además de ser pésimo director, podía ser pésimo presidente de la república. Estaba en todo su derecho, y decidió competir, pero no, los idiotas de siempre, que han socavado una y otra vez a la concertación, le dijeron nones, no lo tomaron en cuenta y, estoy seguro, se rieron de él. "¡Qué va a competir este gallo!" "Y a este, ¿Quién lo conoce?" deben haberse dicho entre carcajadas. Idiotas...
Si MEO hubiese participado en las primarias de la concertación, no habría pasado de ser una anécdota, un pequeño bache y todos a trabajar por Frei... pero no. Dale con "ningunearlo", dale con no "pescarlo". Lo inflaron, lo dejaron crecer entre pataleta y pataleta, entre berrinche y berrinche frente a las cámaras acusadoras de la televisión. "Que la concertación es un feudo" "que hay caudillos" "Que no dejan participar" y el show había comenzado.
Para empeorar las cosas, una vez que "Marquito" se instaló en las encuestas y en el inconciente colectivo de quienes no están contentos con la concertación, pero no le creen nada al gerente, en lugar de dialogar, de buscar acuerdos, de llegar a un trato como "Mira, Marquitos, ya que estamos con esas, en buena onda, el que pase a segunda vuelta apoya al otro, ¿Ok? ¡Ok!", siguieron atacándolo, despreciándolo, haciéndolo más grande. Pusieron contra la espada y la pared a su padre, como si no fuera anti natura que un padre no apoyara a su hijo y, para rematar el circo de la estupidez concertacionista, comenzaron a atacar a la esposa de MEO porque trabaja en TVN y, según algunos desgreñados miembros del comando de Frei, eso era poco ético, saltándose el hecho de que casi toda el área dramática de TVN había participado en las campañas desde Aylwin a Bachelet...
Mientras, el gerente y su séquito neoliberal se frotaban las manos y Frei: "Bien gracias, de eso no hablo".
Enríquez, hasta ahora, solo ha demostrado demagogía, transformándose en el digno sucesor de Lavín. Qué más demagogo que un candidato que a propósito de la pena de muerte, dice que "ate dilemas ético y morales, debiese ser el pueblo quien decidiese". Claro, el pueblo es experto en materias éticas y seguramente ocupará su razón y no su corazón si le preguntamos ¿Está usted de acuerdo con matar a los violadores psicópatas asesinos de niñas inocentes? Sobre todo, con la profesional mirada que nuestros medios le dan a las noticias de esta índole.
Con todo esto, solo gana la derecha. La culpa es del chancho, pero también de los que le han dado una y otra vez el afrecho. Los mezquinos egoísmos de unos y los mezquinos intereses de otros, pondrán a los más egoístas e interesados en el gobierno, encabezados por el gerente.
Vale.

domingo, 5 de julio de 2009



El continente de los Simios

“¿Saben la razón por la que en Estados Unidos nunca ha habido golpes de estado?... Porque en Estados Unidos no hay embajada de Estados Unidos…”

Presidenta Michelle Bachelet durante conferencia en Washington.


Hace poco más de una semana, el mundo entero ha sido sorprendido por una noticia que en los albores del siglo XXI aparece casi como increíble. Una especie que se creía extinta desde finales de los años 80 ha sido hallada nuevamente en Centroamérica: se trata del Gorilla anteoculus nigrum Sp., especie, sin duda, no tan majestuosa como la de sus primos africanos, pero sí bastante más agresiva y sumamente territorial, sobre todo, con lo que consideran suyo por derecho propio.


Desde inicio de la década de los 70, esta especie que se había circunscrito siempre a determinadas regiones, comenzó a proliferar de manera explosiva, dejándose ver con inusitada frecuencia y violencia. Unos pocos ejemplares fueron invadiendo diversos países de la región, avasallando a quien osara ponérseles por delante. Es verdad que estos gorilas fueron cobrando fuerza, en gran medida, gracias a la alimentación exagerada que “naturalistas” estadounidenses les proveyeron y que, además, los gorilas se transformaron en las mascotas favoritas de las clases burguesas de los países americanos. A tanto llegó la popularidad de estos gorilas, que en los regimientos y cuarteles de las fuerzas armadas, se tuvo a varios corriendo alegremente por sus patios.

Como los gorilas era fuertes, fueron cobrando más y más poder, tanto que varios llegaron a generales y luego, después de asistir a cenas en la embajadas de Estados Unidos y bombardear algunos palacio presidenciales, se proclamaron presidentes, se colgaron medallitas y se dieron pomposos títulos como “Gorila General en Jefe”, como queriendo emular a los próceres o al Dux. Hay que recordar que nada de esto hubiese sido posible sin el apoyo de ciertos hombres de negocios a quienes los gorilas obedecían secretamente, como criaturas bien amaestradas que eran.


Así, durante los 70 y 80s, los gobiernos tuvieron juntas de gorilas y una serie de homínidos se hicieron cargo de la justicia y los primates del congreso. Inclusive, algunos simios se vistieron de sotana y justificaron las atrocidades de sus gorilas en jefe. Otros macacos (principalmente mandriles) encabezaron los organismos de inteligencia, secuestrando, torturando y haciendo desaparecer a quienes no disfrutaban de observar en cadenas de radio y televisión a los monos que tenían el poder. Tristemente célebre fue “Macaco Contreras” en Chile, que incluso osó poner bombas en pleno Washington.


Pero como nada es eterno, el pueblo de América poco a poco se fue desasiendo de los odiosos simios, a través de los medios pacíficos en que los gorilas no creían. Durante los 90, no volvimos a verlos, aunque sus huellas quedaron, pues aunque desaparecieron los gorilas, quedaron los monos más chicos, pero no por eso menos dañinos. Muchos de estos pequeños simios estudiaron en prestigiosas universidades Norteamericanas sistemas económicos Neoliberales que dejaron huellas de pobreza en sus pueblos, difíciles de revertir. En Chile, incluso, armaron constituciones que les permitían seguir atornillados en reductos de poder.


Pero en Honduras, hace poco más de una semana, los gorilas se dejaron ver nuevamente. Estuvieron escondidos en las mansiones de los poderosos de su país, esperando, maquinando, comiendo bananas. Hasta que les llegó el momento. Entraron a hurtadillas en el palacio presidencial, secuestraron al presidente, los metieron en un avión y adiós con él. Lamentablemente, otra vez, las fuerzas armadas se cuadraron con los gorilas y no con su pueblo, demostrando la predilección de generales y almirantes por los plátanos que les da la alta burguesía.


Afortunadamente, esta vez a los gorilas no les fue tan bien como antaño. No encontraron eco en otros gorilas de la región, y la National Geographic Society con sede en la U.S. Embassy no mostraron interés por estos gorilas del siglo XXI. De hecho, la Organización de Control de Especies Americanas (OCEA), encabezada por el hábil José Miguel Pánzer, ha decretado que está autorizado cazar a los gorilas que intenten salir de las cloacas para tomarse el poder.


Aquí en Chile, hasta ahora parecemos estar tranquilos. Los simios inferiores están felices con el sistema que ellos mismos dejaron anclado y que les garantiza la mitad del senado para ellos. Inclusive, tienen un candidato presidencial que, aunque ha renegado de los gorilas que lo hicieron millonario, sigue siendo un simio como ellos. Con él se prueba eso de que aunque el mono se vista de demócrata, mono se queda.

sábado, 4 de julio de 2009



Carta a Michael Jackson

Michael:

Hay un poema de Nicanor Parra llamado "Aromos", que podría resumir más o menos lo que sentí al enterarme hace unos días de tu muerte. Y es que bien sabe Dios que nunca fui un fanático de tu música, ni siquiera un seguidor mediocre. Nunca compré uno de tus discos, no tengo tus temas en mi reproductor de música ni me aprendí alguna de tus coreografías para intentar impresionar a las personas de una fiesta.

Y, sin embargo, me estremeció saber que habías muerto. Sentí una extraña y recóndita sensación que hasta hace poco no podía explicarme. Recién ahora me doy cuenta de que no sentí pena por ti, Michael, sino que sentí pena porque el mundo en el que crecí, ya no era el mismo sin tu presencia, algo había cambiado para siempre.

Cómo no, si escuchaba tu música en la radio, veía tus videos en la tele, mis compañeros iban con calcetines blancos y un guante en la mano para parecerse a ti. ¡Si hasta había un juego para Sega Génesis en que vestías traje blanco y camisa negra!

Cómo no, si en Pipiripao daban los dibujos animados de los Jackson five, si no importa dónde, cualquier reconoce un tema tuyo al oírlo, si para referirnos a ti en tono de broma llevamos nuestra mano a la entrepierna y gritamos ¡Aau! Cómo no, si Thriller es uno de los mejores y más divertidos videoclips que he visto, y aunque no lo reconozcamos, todo alguna vez habríamos querido hacer alguno de tus pasitos de baile.

Los últimos treinta años, para bien o para mal, el mundo creció contigo allí, con tus dobleces, con tus genialidades. ¡Si hasta mi abuela sabía quién eras!

Bueno, Michael, espero que ahora si encuentres las paz y la felicidad que en la tierra no pudiste hallar. Lamento todo ese trajín de autopsias y funerales públicos y el negocio que los buitres del capitalismo están haciendo con lo que queda de ti. Pero eso, seguramente, ya no te preocupa.

Good bye, Michael.

domingo, 14 de junio de 2009




El malo de la película

Yo soy el malo de la película. Siempre lo he sido y, probablemente, siempre lo seré. Ese es mi sino trágico. Bueno, la verdad ya estoy bastante acostumbrado, empecé desde mis más tierna infancia. En las obras escolares nunca califiqué para el héroe, no tanto por mis dotes actorales como por mi apariencia. Es comprensible, ¿qué damisela en peligro que se preciara de ser tal habría dejado que un esperpento como yo la rescatase? En cambio, siempre estaba el premio de consuelo, al ayudante cómico, el Sempronio, el "patiño" del verdadero héroe. O el villano, el ser abominable que siempre, siempre, siempre era derrotado. Como yo era (soy) un experto en derrotas, calzaba mejor con el papel del villano.
Así me fui acostumbrando al tajo justiciero del héroe, mientras éstos se acostumbraban a los dulces besos de las heroínas. Lo más cómico, si es que puede ser llamado así realmente, es que el papel de malo se fue haciendo parte de mí en la vida diaria. Nunca ayudaba a mis hermanos con sus estudios como se esperaba del mayor. Nunca saqué las notas que mi inteligencia tendría que haberme garantizado. Mis cuentos eran buenos, pero, siempre salían segundos en los concursos. Siempre fui un buen amigo, pero no calificaba como "hombre" de ninguna de mis compañeras.
Y, como nada parecía darme resultado, empecé a probar con el sarcasmo, la crítica y la ironía. Allí estaba Felipe, el ogro, sentado en el rincón más oscuro de la sala, sin polola, con uno o dos amigos, leyendo y hablando cosas que nadie más entiende, riéndose de sus estúpidas y "vacías" compañeras y de sus limítrofes compañeros. En la casa fue lo mismo. Decidí reducir mis risas al mínimo y ser lo más amargo posible en mis comentarios. Y me sentía bien, al menos ahora, estaría solo con motivos y no como antes, solo porque sí.
Quizá por eso, cuando vi Shrek me identifiqué tanto con él...
Después, cuando crecí y maduré y conocí a otras personas maravillosas, traté de renunciar a la máscara del eterno malo, de endulzarme un poco, de "ser mejor". Pero parece que cada vez que trataba de ser mejor solo me equivocaba más y hacía más daño. Fuera lo que hiciese siempre terminaba siendo otra vez el malo, el pesado, el que estaba equivocado o el que dañaba a los demás. Mis argumentos no lograban convencer, como fuese, el error siempre era mío.
Traté, por Dios que traté, de no ser ese murciélago negro y amargado, triste sempiterno, patético y solitario, pero me rindo. Renuncio. Me cansé de pedir perdón y convencerme de que no tengo razón a pesar de saber que la tengo. Ya no seré yo el que siempre dé marcha atrás. ¿Para qué? ¿Para recibir migajas de amor, de cariño? ¿Para que otros me sonrían hipócritamente?
Por unos años creí que algo brillaba dentro de mí. Ahora ya no sé si se extinguió o quizá nunca existió realmente.
Yo soy el malo de la película, y como tal sé de antemano que seré derrotado...

domingo, 26 de abril de 2009


El gerente

"Nadie puede servir a dos amos; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero".
Evangelio según San Mateo, 6, 24.

El gerente se levanta temprano. Hay muchas cosas que hacer y pocas horas tiene el día. "Time is money" piensa mientras calza las pantuflas y se restriega con firmeza los ojos. Aún no se acostumbra a sus nuevos párpados, pero ya lo hará. Él es un hombre de cambios, de adaptación. Darwin podría haber dicho de él que es la cúlmine de la evolución por su capacidad de adaptarse y sobrevivir en el medio. Como el tiempo debe optimizarse, la ducha es corta y "multi task". Mientras se masajea el platinado cabello con champú, piensa en los discursos que vendrán, los bebés que deberá coger en brazos, la chusma suplicante a la que deberá consolar con sus promesas. Mientras se enjuaga, exactamente treinta y dos segundos después de aplicarse el champú, piensa en las otras cosas de su vida, cosas importantes. Como cerrará el dólar hoy, las acciones se mantendrán fuertes, contratar a los mejores abogados que lo libren de polvo y paja con eso de la multa en USA.

Al salir del baño, limpio y perfumado, lo espera la camisa impecablemente planchada, la corbata de seda, los zapatos italianos. Sobre el velador, la botella de "Evian" y la caja de analgésicos. Todas las mañanas, desde el inicio de la campaña, se toma dos para los dolores de cabeza que vendrán con seguridad, antes de que acabe el día. Mira la caja de las cápsulas y se recuerda otra vez del "temita" de las farmacias. ¡Qué falta de previsión de su "team"! Menos mal que la sacó barata, piensa. Solo tenía un 2% de las acciones, ¡Qué son 1.800 millones de pesos hoy en día!

Al salir, el gerente ve a su chofer y a sus asesores esperándolo en la entrada. Siente que el día irá bien al ver la resplandeciente carrocería de su BMW bajo los rayos del sol. En pulcras carpetas negras, están contenidas las blancas hojas, aún con olor a tóner, que tienen las respuestas a las preguntas del día, las críticas al gobierno y las promesas que el cronograma establece deben realizarse esta semana. El pobre auto alemán sufre al cruzar las calles mal pavimentadas rumbo al primer acto de la mañana. Sufrirá más cuando el asfalto sea remplazado por la tierra y el barro. El gerente se da unos segundo para levantar la vista de su "abstract" para contemplar la realidad que lo envuelve a través de la polarizada ventanilla. Casas... ¿Casas? ¡Casuchas! Gente morena y mal vestida, iglesias derruidas, perros vagos, basura en las calles... Paciencia. Paciencia y valor se repite.

Luego, lo mismo de siempre. Dar la mano a alcades y concejales que le sonríen como bobos y a quienes olvidará tan rápido como pueda. Luego la chusma que lo saluda, que le grita; más allá la prensa, los flashes. La postura es la misma de siempre. Ha dejado en el auto la chaqueta, las mangas de la camisa arremangadas y la corbata un poco suelta, lo suficiente para que se vea el primer botón desabrochado.

Antes del "noon", el dolor de cabeza es manifiesto, solo que esta vez está acompañado de náuseas producto de las horrendas sopaipillas que tuvo que comerse. Con esas malditas cámaras sobre él, no hubo opción. "Con orgullo, el centro de madres Dignidad le ofrece estas sopaipillas caseras al candidato..." ¡qué asco! Va rumbo al aeródromo donde lo recogerá su helicóptero. Mientras, el BlackBerry se llena de mensajes y llamadas. ¡Amenaza de huelga de los sindicatos 1 y 2 en sus aviones!; Su club deportivo necesita nuevo entrenador rápido, las acciones se desploman; El editor de noticias de su canal no cortó lo suficiente la entrevista al otro candidato, ¡el dólar amenaza con cerrar a la baja!

En el helicóptero, lo espera un segundo equipo de "fellows" que lo informarán de cuanto deba saber acerca de las costumbres y tradiciones del pueblo que se apresta a visitar. Traje de huaso, chupalla, vino en cacho. ¡Empanadas y pebre! "A todo dices que sí, a nada dices que no..." escucha a lo lejos una canción. El día está por terminar. No todo mal, el dólar cerró 3 pesos mejor que ayer.

El gerente pasa por su canal para dar una última entrevista antes de irse a dormir. Todo bien. "Miente, miente, que algo quedará". El BMW lo espera a la salida del canal. Afuera la noche es fría y el la contempla desde su cómo habitáculo. Ve los rostros cansado del populacho mientras su poderosa máquina serpentea por entre los buses, taxis y colectivos. Por un momento se entrega a la compasión por ellos, pero la supera rápido. No es su culpa ser más afortunado que el resto. Fue su trabajo lo que lo puso en su posición, su "emprendimiento". Claro, ayudó un poco la buena educación pagada que le dieron, los años en universidades extranjeras y los datos sobre empresas públicas privatizadas que le daban sus amigos en el gobierno de los uniformes. ¡Pero todo eso habría sido inútil sin su incansable esfuerzo por ten..., ser más en la vida!

El gerente se acuesta tranquilo y pronto concilia el sueño. Un sueño como le corresponde a un hombre con la conciencia tranquila. Falta poco para coronar una vida llena de logros. Es cierto que las encuestas están cada vez más estrechas, pero no lo inquietan demasiado. Nadie sabe mejor que él eso de que "el dinero todo lo compra" Más temprano que tarde, quizá no ahora, pero pronto, su inversión será recompensada con un cómodo sillón en La Moneda.