jueves, 18 de noviembre de 2010

El Loco o la lección de dignidad



Sabe Dios que nunca he sido aquello que, en la jerga de los que saben del asunto, llaman "futbolero". No voy al estadio, no me amargo la existencia si el equipo de mis amores pierde un encuentro, y creo que con  suerte sé los nombres de uno o dos jugadores de ése equipo de mis amores. Ni me pregunten de estadísticas ni historia. Bastará, para convencerlos de mi poco conocimiento del balompié, que les confiese que mi club favorito es la Universidad Católica, sempiterna segundona en los campeonatos nacionales.
Debo señalar que en materia de fútbol, tengo varios prejuicios. Crecí viendo espectáculos deplorables. Imagínense que el primer partido del que tengo conciencia de haber visto con interés fue el de nuestra selección contra la de Brasil, aquel aciago día en que nuestro arquero, apodado "Cóndor" Rojas, se inventó una lesión más falsa que amigo de Facebook, producto de una bengala que ni lo rozó. 
Como si aquel engaño que costó años de no poder participar en eliminatorias a nuestra selección, no hubiese sido suficiente, también desde chico presencié papelones, "boletas" en jerga futbolística, que todos los demás equipos de verdad nos daban. Desde los clubes hasta la selección. Y claro, ¿Qué podía hacer Chile frente a esos mastodontes uruguayos? ¿O frente a un Maradona que, con mano o sin mano de Dios, ya era una especie de dios del balón? ¿O ante la alegría bailable en camisetas amarillas de un Brasil siempre talentoso?
No. Desde niño me di cuenta de que nuestro fútbol era tal y como somos nosotros los chilenos: grises y con complejo de inferioridad. 
Por eso me costaba entender que un grupo de hinchas termocéfalos fuese a celebrar porque empatamos con Venezuela o le sacamos tres puntos a Bolivia... de locales, claro.
Y qué decir de los jugadores. Tipos sin disciplina, cuyo único objetivo en la vida era un Ferrari y una modelo platinada y siliconizada en el asiento del acompañante. Jugadores que se arrancaban a burdeles durante las concentraciones, que se arrojaban jamón, mantequilla y pan en los hoteles, que desayunaban Piscolas, Cubas libres y Gin con Gin a las tres de la tarde.
Crecí viendo entrenadores que sabían mucho de como hacer asados, de tirar tallas, de fumar, pero que de fútbol sabían solo que poco pierde el que nada arriesga. Y esa fue la impronta que le dieron a nuestro fútbol ("júrgol" en su pronunciación), colgarse del arco si fuese necesario para obtener un empate que celebraban como triunfo. Esos simpáticos directores técnicos que se iban a los programas de farándula con el equipo completo hasta altas horas de la noche, los días anteriores a un partido.
¿Y los dirigentes? ¿Qué se puede decir? Mafiosos y mediocres que año tras año, escarbaban hasta encontrar algo que robarse de Quilín o de Juan Pinto Durán. 
Nada. Eso era nuestro fútbol. Nada.
Y de pronto, sin aviso, la revolución. Los clubes "chicos", esos perdidos entre los cerros, en pequeños pueblos, ésos que todavía juegan en canchas de tierra, se dieron cuenta de que podían ser algo más si elegían mejores dirigentes. Y eligieron bien. A un tipo responsable, educado, capacitado y, por sobre todo, honesto: Harold Mayne - Nicholls. 
Se hicieron auditorías, se sacaron los trapitos al sol, se mandó para la casa a los ladrones. Por fin, una luz de esperanza. Mayne Nicholls sabía que si queríamos de una buena vez salir del pozo, debíamos hacer una fuerte inversión y dejar atrás las viejas y mediocres fórmulas. Hizo lo impensado: llamó a un hombre que estaba en el "ostracismo futbolístico", a un tipo que muchos calificaban de "Loco". No tuvo que ir muy lejos, estaba al otro lado de la cordillera, era Marcelo Bielsa.
Pedro Carcuro, el comentarista de fútbol, lo resumió así: "Fue como comprarse un Ferrari en diez millones de pesos".
Y claro, ¿Por qué un técnico exitoso y de renombre iba a venir a pudrirse en un país que solo sabía de "triunfos morales", lindo eufemismo para derrotas? La plata era poca, las instalaciones y estadios malos, los jugadores con prontuario y la gente desconfiada y exitista... y, sin embargo, se vino.
Bielsa, el Loco, pidió quedarse a vivir en Juan Pinto Durán, dentro del mismo lugar de entrenamiento, en una humilde casita que había. Por las noches, se paseaba por las canchas pensando, imaginando. Por el día veía una y otra vez sus miles de video. Mucha gente lo vio en el teatro, en restoranes, comprando libros o películas. ¿Un entrenador de fútbol que disfruta de las artes escénicas, del cine y la literatura? ¡Válgame Dios! 
Continuando con sus locuras, le hizo ver a los futbolistas que debían seguir sus órdenes, que había que esforzarse, que no era bueno distraerse con farándula. Los convenció de que la mejor defensa era el ataque y de que éxito y felicidad no eran sinónimos. Los hizo creer en ellos, en sus capacidades. Nos hizo ver a todos que no era un sino trágico el de nuestro fútbol, que no estábamos condenados a ser siempre una pésima copia de nuestros hermanos mayores con vista al Atlántico.
Y mientras se mejoraba la infraestructura de Juan Pinto Durán y se construían después de décadas estadios nuevos, la selección chilena empezó a ganar partidos, ¡Y no solo eso!, sino que, cuando perdía, nos quedábamos con una sensación completamente nueva: realmente se había dado todo en la cancha. Por fin se había, de verdad, "mojado la camiseta"
Y el mensaje de ese Loco argentino, traspasó a la sociedad entera. Se podían hacer las cosas bien si uno se esforzaba y era paciente. Y en las universidades los alumnos iban a escucharlo en sus charlas. En las poblaciones más pobres y marginadas, el Loco aparecía de improviso a conversar con los niños, con los jóvenes que aún tenían sueños. A sacarse fotos, a conversar con la gente. No había cámaras, no había periodistas, no había políticos que se quisieran aprovechar.
La alegría brotó partido tras partido. Permeó incluso a tipos que, como yo, no "estabamos ni ahí" con el fútbol, porque no era solo fútbol, era una doctrina, una ideología, un ideal nuevo; era la constatación de que se puede ser mejor, siendo humilde, trabajando, luchando.
Pero la avaricia puede más. La ambición desmedida de dinero y poder pudieron más que muchos. "Es un monstruo fuerte y pisa fuerte".
Por algo así como cuarenta monedas de plata, los mismos clubes chicos que tanto habían mejorado con Mayne Nicholls, lo traicionaron, lo vendieron a cambio de promesas, de una mísera dádivas de los tres clubes más grandes que no querían igualdad para todos los clubes.  Oscuros empresarios, capitalistas burgueses, después de todo, no querían seguir ganando mucho... ahora querían ganarlo todo.
Mientras Bielsa, que no se vendió nunca, que no quiso que cierto candidato que después compró al presidencia del país se colgara de su fama ni de la de la selección, dando una clase de libertad y dignidad, se negó a ser un payaso más del baile, no iba a entrar en el juego del nuevo gobierno - coporación que ahora manejaba Chile. Eso molestó al poder. Molestó a quien, además de ostentar el poder político, ostentaba un enorme poder monetario y era dueño de más del 12% de las acciones del club más grande de Chile.
La suerte del Loco estaba echada. Un teléfono. Una conversación en las sombras. Un empresario oscuro era el nuevo presidente del fútbol chileno.
"Ahora podremos controlar al Loco" Pensaron estos empresarios cuyo corazón no late sino ante cosas metálicas y brillantes. Pero el Loco era demasiado "loco", demasiado necio, demasiado digno...
Nos dio su última lección, una lección de dignidad. Aunque nos duela, aunque lloremos... 
Se va el Loco. Se va porque no se vende. Se va porque no cree en el exitismo, se va porque cree en los procesos, en el trabajo a largo plazo. Se va porque empeñó su palabra y lealtad. Se va, finalmente, porque él siente algo que los empresarios capitalistas nunca conocerán ni podrán sentir y menos entender: se va porque él ama lo que hace, ama el fútbol. Porque el fútbol no debiera, no puede ser solo un negocio. Porque la alegría no se puede vender y menos comprar.
Y nos quedamos como huérfanos. Así como Segismundo despertando otra vez encadenado y en la torre, creyendo que los últimos años fue solo un sueño...
Mientras, los señores dueños de Chile, celebran. Mientras, hay un títere en la ANFP, pero el titiritero está en La Moneda. Mientras, todavía no nos resignamos. 
Porque esta vez si hubo indignación. Porque esta vez no se la van a llevar tan fácil los mismo de siempre. Esta vez pagarán, aunque no sea ahora, aunque no sea rápido. ¡Quién lo diría! La gente está despertando gracias al fútbol. Pronto no solo verán la injusticia de sacar a quienes hacían bien las cosas, sino que volcarán su vista a los hospitales, a las escuelas, a las fábricas, al comercio... más temprano que tarde recobraremos la vista, la fe, la esperanza.
Porque si algo aprendimos de Marcelo Bielsa Caldera es que la dignidad no se vende. Que hay que luchar y trabajar, así nos cueste muchos años. Pero los frutos vendrán un día. Sí que vendrán.
¡Gracias, don Marcelo!

martes, 9 de noviembre de 2010

Destino



¿Qué es el destino? ¿Existe acaso tal cosa? Mucho tiempo de mi vida me he dedicado a reflexionar sobre aquella cosa. Destino... casi imagino esa palabra escrita siempre con signos de interrogación, como una tarjeta del Monopoly o de La gran Capital.  No es algo sencillo, y estoy más que seguro, a varios además de mí,  le ha quitado el sueño muchas noches.
Si Dios existe, entonces existe el destino. Mas si no existe Dios, ni dioses, ni demiurgos que decidan por nosotros, quiere decir que no hay un destino y somos completamente libres de trazar nuestros caminos. Pero entonces... estaríamos destinados a construir nuestro destino, por lo que el destino seguiría existiendo... uf.
Ahora bien, demos por sentado que Dios existe. La mayor parte de los seres humanos cree en algún tipo de deidad o deidades o poderes superiores y creadores. Bien, digamos que hay Dios, ergo hay destino. Pero los cristianos creemos en el albedrío, por lo que somos libres y Dios no decide por nosotros; nosotros somos nuestros propios artífices... pero si Dios es omnisciente, quiere decir que conoce nuestro futuro, si lo conoce es porque ya existe ese futuro, por lo tanto, está escrito, es nuestro destino y el albedrío se nos va al carajo... uf x2.
Ya. Mejor me dejo de argumentaciones falaces y paradojas... no es en verdad de eso de lo que quiero escribir. No quiero probar o rebatir la existencia del destino, porque, no tendría como hacerlo. Lo que realmente me interesa es divagar sobre la posibilidad de un destino, sobre lo necesario que me resulta, pues es el destino, al menos para mí, lo que podría dotar de un sentido a las cosas que me ocurren en el día a día. 
Muchos de ustedes habrán leído El hombre en busca de sentido. Si no, es probable que hayan escuchado ese título. Yo lo leí hace algún tiempo ya, pero nunca dejó de impresionarme cómo, el narrador, sumergido absoluto horror, en el dolor, en el sinsentido de un campo de prisioneros nazi, fue capaz de ir dotando a las cosas de un sentido de una razón que le permitiera seguir viviendo y no rendirse, no dejarse morir. 
Se ha preguntado, usted querido lector, cuál es la razón de su existencia. en otras palabras, ¿Para qué vive usted? o más bien, ¿Por qué vive usted? Yo he vivido toda mi existencia racional preguntándomelo. No es algo muy tranquilizador, no es una pregunta que quizá uno debiese hacerse antes de dormir. Sin embargo, nunca he podido dejar de preguntarme por el sentido de mi existencia... ¿Se debe a una causa o solo al azar?
Me pregunto si estas preguntas estarán rondando la cabeza de la mayoría de las personas... espero por su salud que no.
Ya sé, desocupado lector, que quizá todo esto sea absurdo. Varias personas, incluso muy cercanas, me han invitado a dejar de pensar tonterías y a tratar de vivir  más relajado, más alegre. "¡La ignorancia es una bendición!" me dijo una vez alguien muy querido. Pero en mi caso creo que "el que nace chicharra, muere cantando" que extrapolado a mí persona sería "el que nace amargado muere penando".
En fin. Supongo que es en las pequeñas cosas dónde puede verse la acción de ese incierto destino de cada quien. Tal vez todo no es más que un ejercicio de imaginación. La micro que se me pasó, el tren al que no me subí, el café al que no entré... cómo esas acciones, esas oportunidades hubiesen cambiado lo que soy, mi historia... ¿Algo hubiese cambiado?
No puedo dejar de pensarlo cada vez que dejo pasar un metro lleno. Dentro hay cientos de personas. Quizá una de ellas cambiaría para siempre mi destino. Entonces siento el impulso de subir rápidamente, aunque sea a empujones, pero me detengo súbitamente... ¿Y si es en el siguiente tren donde viene esa persona que cambiará mi existencia? 
Supongo que últimamente ando tan perdido por la vida que necesito dotar de sentido incluso a cosas tan absurdas como el transporte público. De a poco me doy cuenta que tomar ascensores o subir escaleras, caminar una calle o la otra, dejar pasar un tren o no, salir a las 11 o a las 11:05, sentarme aquí o allá y un montón más de pequeñeces a las que intento encontrarles una razón, un sentido, son las que me han permitido seguir medianamente cuerdo y vivo hasta el día de hoy. Por lo menos hasta que encuentre a esa persona.
Vale. 

miércoles, 27 de octubre de 2010

Un cuento de hadas: "The chilean way".


Érase una vez, en un lejano confín del mundo, existía un reino maravilloso, próspero y feliz. Su gente se contaba entre la más alegre del mundo y los avances de su sociedad eran seguidos con atención por el resto del planeta. Inclusive, estos avances se convirtieron en material de exportación para otras sociedades menos desarrolladas o -derechamente- decadentes, como las europeas.
Ustedes, queridos niños, se preguntarán ¿Y qué hacía a este reino tan, pero tan maravilloso? Pues bien, mis ternuras, se los contaré.
Resulta que antes, en tiempos oscuros, este reino estuvo gobernado por distintos reyes. Algunos más tiránicos que otros, pero todos incompetentes. El más terrible de todos, cuyo nombre no diré porque es tabú, era tan, pero tan incompetente que quiso repartir la riqueza del reino entre todos los súbditos. Esto, claro está, molestó a la nobleza que, por razones obvias se opuso a tal medida. Han de saber que los nobles son ricos porque Dios así lo quiso. Así que nada de rebeliones contra los mandatos divinos. Bueno, sigamos. A pesar de la oposición de la nobleza, el rey loco continúo con sus planes y, a tanto llegó, que incluso le expropió los feudos a varios señores del reino y, no solo eso, sino que también estatizó minas y empresas de grandes burgueses del Reino del Norte. 
Como era de esperarse, el Reino del Norte no iba a tolerar semejante desfachatez del rey loco y decidió ayudar a la nobleza nacional a derrocar al rey que estaba llevando al caos marxista comunista a nuestra querida patria. Para eso donó varios millones de galeones de oro a la causa. En fin, a tanto llegó la cosa que no quedó más remedió al valeroso ejército del reino que intervenir en el asunto. Fue así que el gallardo y valiente caballero August, montado en su fiel dragón lanza fuego, bombardeó el castillo real para obligar al rey loco a "dimitir". Lamentablemente el rey no quiso hacer caso y prefirió el suicidio a una largas vacaciones en Cuba, lo que claramente confirma su estado de locura.
En premio a su heroísmo de enfrentar a una docena de hombres con todo el ejército, August se autodesignó rey y capitán general del Reino. Así pasó a ser August I. La tarea de reconstruir la patria no fue fácil. Hubo que hacer grandes esfuerzos, pero el pueblo estaba dispuesto a hacerlos gracias a su gran sentido patriótico y no, como algunos mal hablados dicen, porque estuviesen siendo encañonados permanentemente. Durante ese periodo muchos malos chilenos siervos del reino desaparecieron misteriosamente. Lo más seguro es que se arrancaron para no trabajar los muy vagos.
Sin embargo, August I, que era muy instruido en armas, tortura y combate desde el escritorio, no tenía idea de economía. Ante esa situación, sus nobles le consiguieron excelentes ministros de hacienda y economía que habían estudiado en prestigiosos colleges del Reino del Norte. Estos ministros, jóvenes y llenos de buenas ideas, llegaron a la conclusión de que el reino tenía más empresas de las que necesitaba y que era menester deshacerse de ellas. Empresas que, por lo demás, no eran gran cosa... digamos unas lineas aéreas, dos compañías de telecomunicaciones, un laboratorio que fabricaba medicamentos baratos, distribuidoras de agua potable, generadoras de electricidad, entre otras. Como esas empresas eran tan, pero tan problemáticas, la única forma de extirparlas del Estado fue vendiéndolas a precios minúsculos para que algunos buenos y solidarios ciudadanos del reino y extranjeros (principalmente del Reino de Hispania) las compraran por pura filantropía. 
A pesar de estas medidas, todavía no se podía levantar la economía del reino, por lo que, en una nueva demostración de amor por la patria, los jubilados renunciaron a dos tercios de sus pensiones, los profesores a la mitad de sus sueldos, los enfermos a su derecho a la salud gratuita, los estudiantes a la gratuidad en la educación. Todo, lo que fuera, por su amado reino. En gratitud, August I y su séquito, premiaron al pueblo creado las AFP y las Isapres, para que sus ahorros de pensión y su salud dejaran de depender del obsoleto e ineficiente Estado y fueran administrados por privados desinteresados que, por puro amor al prójimo, aceptarían esos dineros para hacerlos fructificar.
Pero como nada es eterno, August I entregó su cargo en los plazos que la constitución (que él mismo redactó) del reino establecía. Vinieron veinte años de oscuridad. De pocos avances. Hubo cuatro reyes en ese tiempo que buscaron manchar el buen nombre de August, pero no lo consiguieron. En todo caso, administraron muy bien la herencia de August y, a pesar de criticarla, no cambiaron nada. 
Pero luego de la tempestad viene el sol... después de veinte años de ineficiencia, años en que el reino se llenó de delincuentes y puertas giratorias en las cárceles, asumió un nuevo rey: Tatán el Magno, cuyo lema heráldico fue: "Ich über alles". 
Tatán el Magno vino a poner las cosas en orden. Le restituyó la grandeza al reino. Era un rey en terreno, de acción. Con sus propias manos rescató a unos siervos que se quedaron atrapados en una mina por un accidente imprevisible. Por esto se hizo famoso en el orbe entero. A donde fuera llevaba consigo el pergamino que los siervos atrapados le regalaron que versaba: "Estamos bien gracias a usted. Mañana estaremos mejor".
Resumir las obras de Tatán el Magno es casi imposible. Solo podemos destacar algunas cosas, como haber vestido de túnicas rojas a toda la corte real, profundizar y perfeccionar las reformas económicas de August I, deshacerse de las últimas empresas ineficientes del Estado, sacar a los zánganos apátridas de la administración del reino, regalar al pueblo múltiples circos para su deleite y distracción, otorgar mayor seguridad al reino enrejando y electrificando calles y pasajes, establecer impuestos justos a las mineras extranjeras invariables en 80 años, delegar definitivamente a los filántropos privados la educación y la salud del reino, etcétera, etcétera...
Tan maravilloso es el milagro de este reino, que los otros reinos del mundo, cuando quieren decir que algo se hizo bien, dicen "Do it the chilean way".
¡Qué afortunados somos! ¿No?

jueves, 14 de octubre de 2010

¡El show debe continuar!


Listo. Se acabó. El último de los 33 mineros atrapados en el fondo de la mina San José ha salido por fin nuevamente al aire libre, al sol, a la vida. Hazaña fue realmente su supervivencia, su aguante, su apego incondicional a la vida. No ha de restársele méritos a estos hombres, a estos trabajadores, a estos mineros. El mundo entero puso sus ojos sobre ellos y con razón. Son un ejemplo, o más bien, una lección.
¿Habrá imaginado alguno de ellos la suerte que correrían hoy, después de ver colapsar las paredes de la mina el pasado agosto? ¿En las cabezas de sus familiares y amigos se habrá cruzado la idea de que pasarían en cuestión de semanas de ser mineros a rockstars? Esos hombres, de turnos interminables, de sudor húmedo, de oscuridades prolongadas, ésos que ganaban una miseria para hacer más ricos a los dueños de la mina, ellos, ésos ¿Imaginarían alguna vez este circo del que ahora son las estrellas?
McLuhan nos lo dijo hace rato ya: "El medio es el mensaje". Y en nuestros países el "mensaje" siempre es aquel que los medios quieren que recibamos. De más está señalar aquí quiénes son los "poderes fácticos" tras esos mass media que nos bombardearon día a día. 
Y es que nada vende mejor que una tragedia... nada excepto la tragedia transformada en circo, en comedia para las masas, en reality show donde todos, TODOS, tienen algo que ganar. 
Antes de saber que estaban vivos, se alcanzó a hablar de responsabilidad empresarial, de derechos laborales, de fiscalización. Se prometieron leyes, se juraron "nunca mases", se dijo que había una necesidad urgente de controlar la injusticia que provocó esa tragedia... 
Después, vino la alegría. Estaban vivos aún. había esperanza de que los mineros vieran en vida el milagro de la justicia, de las mejores condiciones laborales, pero no... el gobierno y los medios de comunicación pronto olvidaron los anacrónicos discursos de "justicia social" para reemplazarlos por invitaciones a La Moneda, al extranjero, a los programas de farándula. Los derechos se transformaron en regalos enviados desde lugares que los mineros probablemente ni sabían que existían... desde Cupertino, California, Steve Jobs les envía IPods Shuffle, Sony PSPs, Camisetas el Real Madrid, años gratis de pizza y sushi... y miles y miles de cosas más. Mientras, nosotros el público, contemplamos maravillados la generosidad del mundo, a la par que olvidamos cómo fue que llegaron a quedar atrapados esos hombres 700 metros bajo la tierra. Ya no nos importan los derechos laborales, ahora nos importa más el nombre del perro del minero 21, o que el minero 18 tiene una amante, o que el 2 es hincha de la Católica. Asistimos al despliegue comunicacional más grande y burdo de los últimos tiempos. Toda la ciencia y la técnica de la información al servicio del telespectador para enterarnos que el minero 28 es fanático de los porotos con mazamorra. 
Y, mientras, se aprueba un nuevo impuesto a la gran minería que es un chiste. Mientras, el ejecutivo manda una proyecto de reforma constitucional al congreso para reelegir al presidente. Mientras, decenas de mapuches estaban en huelga de hambre, mientras varias minas y fábricas están en huelga por mejores condiciones laborales, mientras se envía un proyecto de concesión - privatización de los hospitales públicos, mientras... la vida real.
Pobres mineros. No es culpa de ellos, sino de otros más siniestros y maquiavélicos. Dentro de unos días ya poco se les recordará, pues nuestros medios y nuestro gobierno encontrarán un nuevo show que mostrar al público siempre ávido de "realidad", mientras ésta no sea la de ellos mismos.
¡Que se enciendan los reflectores, que el show debe continuar! 

sábado, 18 de septiembre de 2010

"Tengo fe en Chile y su destino"



No quisiera ahora discutir la legitimidad de la fecha, ni mucho menos entrar en argumentaciones extensas y fútiles que nos llevaran a tomar partido respecto a si se trata de esta fecha o no el bicentenario, la idependecia o, si es que, existe realmente algo que celebrar. Esta vez me permitiré, simplemente, sentirme chileno.
Hoy quiero sumarme a la felicidad de las personas, aunque no estemos muy concientes de por qué estar felices. Hay tanta historia en Chile, y si la miramos detenidamente, quizá debiésemos estar tristes en lugar de alegres... pero hoy, hoy amigos, me sentiré alegre por aquello que puedo estarlo, por aquello que me da alegría.
Hoy me alegro por Lautaro y la libertad.
Hoy me alegro por Valdivia y su tenacidad
Hoy recorroro los polvorosos caminos con José Miguel y sus hermanos
y me tomo un vaso de vino en Chillán con O`Higgins.
Hoy me disfrazo de otro junto a al guerrillero Rodríguez
para despistar porbres soldados españoles
Hoy camino por el desierto junto a los soldados del caliche
y me despido de Prat y su corazón de mar
Hoy peleo por la defensa de la Patria ante los capitales foráneos
y lloro la partida del presidente Balmaceda
Hoy levanto el puño junto a los obreros en la Escuela Santa María
y me dejo matar por la dignidad del pueblo
Hoy me emociono hasta las lágrimas porque un sencillo profesor de pueblo es presidente
y lo lloro unos pocos años después, junto al todo el pueblo
Hoy mi corazón se maravilla porque un cura ha dicho ¡Justicia social!
y a formado sindicatos, sacado niños de bajo los puentes, le ha dado un Hogar a Cristo
Hoy me alegro por la Reforma Agraria 
y el campsino digno que tanto ha esperado
Hoy me alegro por la CUT y los obreros
y mi abuelo que luchó toda su vida por una Patria mejor
Hoy festejo con el pueblo que ha dicho ¡Revolución! en las urnas
y por el cobre de, por y para los chilenos
Hoy me duele, otra vez, la traición y la felonía
y me duele el presidente muerto en La Moneda
Hoy resisto junto al pueblo digno la bota asesina de cuatro verdugos
y me uno a mis hermanos en torno a la palabra libertad
Hoy recuerdo a quienes nunca regresaron
y lloro con la madre, la esposa, la hija, que se fueron esperando
Hoy salto de júbilo porque, otra vez en paz, dijimos ¡NO!
y el tirano no tendrá un sitio en esta tierra donde descansar
Hoy me invade el espanto de la primera tumba abierta en Pisagua
y no se detendrá hasta que aparezca el último de mis hermanos
Hoy estoy feliz porque se acabó la desnutrición
pero miro con recelo el exceso
Hoy me siento satisfecho porque no hay niño que no vaya a la escuela
pero me preocupa saber qué están aprendiendo
Hoy celebro mi libertad, pero no puedo evitar preguntarme
¿Qué estamos haciendo con ella?
Hoy, amigos, compañeros, compatriotas,
celebro la libertad y la dignidad del pueblo chileno.
Pero esta es una batalla inconclusa
durará mucho más de doscientos años
es, tal vez, eterna.
Aún así, como dijo el compañero presidente en su último discurso: "Tengo fe en Chile y su destino"

viernes, 30 de julio de 2010

La primera igualdad es la equidad


A nadie pareció sorprender la noticia de que Chile sigue siendo uno de los países con peor distribución de la riqueza en la región. Tampoco generó revuelo mayoritario en la comunidad el hecho de que la pobreza durante los últimos cuatro años no solo no disminuyera, sino que, además, aumentara levemente. Uno pensaría, si observase desde fuera, que las masas oprimidas, olvidadas, vulneradas en sus derechos y a quienes la Constitución de la República parece no amparar en su "iguales en dignidad y derechos", pondrían el grito en el cielo ante tanta injusticia, ante tamaña realidad que nos dice que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobre, mas no... nothing happens... la gente sigue como todos los días. No hay protestas, no hay comentarios en la fila del banco, no hay pancartas frente al palacio de gobierno. No hay indignación. A lo más un "estará de Dios" y a seguir con lo de siempre... con las teleseries de la tarde, que nos permiten no pensar,  con los noticieros, que nos llenan de miedo y desconfianza, con el programa farandulero, que nos distrae lo suficiente hasta la hora de quedarnos dormidos y no pensar... solo despertar un día más para seguir trabajando, porque si no se trabaja no se paga el la cuenta de la luz, y sin electricidad no hay tele que ver, nada que me saque de esta horrible realidad de todos los días.
¿Cómo no pensar a veces que realmente todo está perdido? ¿Que los mismos de siempre consiguieron no solo ganar la batalla, sino también la guerra? Nos ganaron vendiéndonos la mentira de que la riqueza todo lo arreglaba. Nos ganaron convenciéndonos de que bastaba tener un televisor, un celular, quizá hasta una casa para dejar de ser pobre... después de todo ¿Qué pobre tienes tarjetas de crédito? ¿Qué clase de pobre puede comprarse un LCD, aunque sea en 48 cuotas? ¿Acaso lo pobres tienen Facebook?
Y claro, esa estereotipada figura del pobre, algo así como una Charlot, pero sin sombrero, ya no se ve mucho en las calles de Chile. No vemos niños desnutridos, sino más bien rechonchos. No los vemos llenos de piojos, descalzos, harapientos... a veces los vemos hasta con zapatillas de las mejores marcas. No, ya no vemos mucho esa pobreza, la de ahora es más hipócrita... es la pobreza de la escuela municipal donde no se enseña nada realmente. Es la pobreza de hospitales en ruinas donde perfectamente puede alguien morir en la espera. Es la pobreza donde sabes que no ganarás nunca más de 300 mil pesos, que tu pensión alcanzará con suerte para comer, es la pobreza del no habrá vacaciones más allá de la plaza, la pobreza de nunca saldrás del país ni conocerás otros lados, la pobreza de la universidad no es para ti, la pobreza de calla y acata, la pobreza de la casa pequeña y hacinada, la pobreza de no te puedes enfermar porque no hay como pagar, pobreza de las poblaciones feas, del barro, de la micro llena, la pobreza del cine no pero el DVD pirata sí, la pobreza del teatro no, pero la teleseries sí... la pobreza que se perpetua y perpetua. Una pobreza iluminda por rayos catódicos.
Sí, queridos amigos. Es indignate la distribución de la riqueza en Chile, pero lo es aún más la distribución de la cultura. Esa cultura que nos permita indiganarnos, ¡INDIGNARNOS! ante la injusticia, ante una realidad que un padre no puede, no debe querer para sus hijos, una realidad que ninguno de nosotros puede querer para un compatriota, un ser humano. Necesitamos construir una cultura nueva para nuestro país. Una cultura que nos permita apagar la tele un rato, que nos permita dejar de leer las estupideces de Las Últimas Noticias, una cultura que nos haga despertar y darnos cuenta de que hay más, de que podemos más, de que merecemos más en la medida en que luchemos por ello. Una cultura que nos permita exigir nuestros derechos, nos permita exigir justicia social, una cultura que no permita que en una empresa la diferencia entre el que gana más y el que gana menos sea de 200%... una cultura de escuelas dignas, de hospitales dignos, de universidades llenas de hijos de obreros, de barrios pobres pero con plazas y parques, con consultorios, con metro y transporte público, donde la gente no viva con miedo, donde los niños puedan jugar tranquilos...
No sé... creo que ya desvarío... es tarde ya.
Ustedes me dirán... ¿Es tarde ya? ¿Demasiado  tarde ya?

jueves, 22 de julio de 2010

Deber ser

Éste no debería ser yo.
Aquí, frente al teclado, en un céntrico café,
no debería ser yo.
Este hombre amargado que soy
no debería ser yo.
Y, sin embargo, lo soy,
porque me propuse demasiados "debo ser"
me propuse demasiados imposibles,
idealicé más de lo que la justa razón aconseja.
Este que está escribiendo no debería ser yo
yo no debiese ser éste que soy
así, de esta manera oscura,
trasunto de otros tiempos.
Yo no debería ser así
o quizá ya no lo soy.
Los que me conocen hace tiempo podrán decirme
¿Qué hay de mí en éste que soy yo?
¿Queda algo de ternura debajo de estos cueros?
¿Queda algo de amor bajo mi lengua?
¿Pervive aún algo de esperanza en la médula de mis huesos?
Dios mío, ¿Para qué me haz abandonado?
Al final de la partida,
amigos y amigas,
uno nunca debiese ser
uno solo tiene que ser
ser, así no más,
sin condicionantes
ser o no ser
nada más
nada menos
todos los "debiese" sirven solo para hacer castillos en las nubes
y para porrazos
ya tengo bastantes
y eso, no debió ser así,
pero fue.
Así que, para concluir,
éste no debiese ser yo
pero soy
o quizá ya no.

miércoles, 9 de junio de 2010

Lo que Chile no sintió



¡Ay, si el desatino tuviera límites! Pero no, señores. No lo tiene. Así como la estupidez humana que tampoco  tiene. Bien nos lo demostró nuestro a estas alturas ex embajador en Argentina que, en un arranque de sinceridad derechista pocas veces visto, se mandó unas declaraciones dignas de ser grabadas en bronce y guardadas en  los anales de la Historia universal de la estupidez. Lo hizo, además, en uno de los medios más importantes y difundidos de la república Argentina. Lo hizo, a sabiendas, de que nuestros hermanos argentinos sintieron también en carne propia los rigores de una dictadura militar, lo hizo a pesar de que por más que él, la derecha y el actual gobiernos han intentado una y otra vez echarle tierra encima a la historia reciente de nuestro país. 

La entrevista aparecida en El Clarín en sí es bastante insólita, Basta con leer que nuestro embajador no tenía idea que Estados Unidos había tenido algo que ver con  el golpe de Estado ("pronunciamiento militar" lo llama él, lindo eufemismo), quizá también ignora que no solo en Chile, sino en toda Latinoamérica. Pero yo solo quiero detenerme en una de sus declaraciones: la de que la mayoría de Chile no sintió la dictadura, es más, se sintió aliviada de vivir en dictadura.

Yo esperaría que una persona de más de treinta años se sintiera profundamente ofendida por estas declaraciones. Y claro, como no, si las palabras del embajador Otero equivalen a decir que las personas en Chile se sintieron felices de pasar casi dos décadas sin la molesta obligación de elegir a sus autoridades. Casi veinte años liberados de pensar, disentir, poner el grito en el cielo si se le daba la gana. Quiso decir, el señor Otero, que por todo el régimen militar la gente no sintió miedo del carabinero en la esquina, del auto estacionado frente a la casa, de meterse al sindicato, de participar en una reunión política por inocente que fuera. No, claro que no. La gente no sintió que le privatizasen las empresas que eran de todos, que las vendieran a precios irrisorios, entre cuatro paredes. La gente no sintió nada cuando ponía y ponía recursos de amparo para que el ministerio del interior se dignara a decirles dónde estaban sus familiares subidos en plena vía pública a la fuerza en siniestros Opalas negros. No, queridos lectores, los chilenos no sintieron nada cuando pasaron casi diez años con toque de queda, cuando se acabaron los teatros, las peñas, los shows de revista, las inocentes fiestas familiares sin autorización previa de la autoridad competente. No sentían nada cuando civiles no identificados se apersonaban en las fábricas, en las colas del banco, en las salas de espera de los hospitales... nada de nada se sentía cuando en 17 años no se levantó un hospital, no se compró un vagón de tren, cuando se municipalizó la salud y la educación, cuando se impuso una constitución de chiste con chilenos de primera, segunda y tercera clase... cuando se les redujo en dos tercios la pensión a los pensionados, cuando se privatizó el fondo de pensiones... no, seguramente los obreros no sintieron nada cuando una a una las fábricas se fueron cerrando, cuando el vecino no regresó nunca más del Estadio Nacional, o de Tres o Cuatro Álamos... o si regresó, digamos de Villa Grimaldi, de Venda Sexy, de Londres 38, ya nunca fue el mismo...

No. No sentimos nada. Cuando a mis seis años mi papá lloraba por los compañeros degollados y tirados a la orilla del camino. No, nada se sintió cuando unos años después, en Pisagua, aparecían esas personas vendadas, amarradas de pies y manos, apiladas unas sobre otras, aún con sus lentes, con sus camisas, con sus billeteras, como detenidas en el tiempo... fusiladas sin un proceso, sin el derecho a un abogado ni a un juez, sin derecho a un velorio, a un entierro, a una misa por sus almas. 

Se equivocó señor ex embajador Otero. Usted quizá no sintió la dictadura. Usted y sus amigos. Pero la mayoría de los chilenos sí la sintieron y sus efectos se sienten hasta hoy. Porque gran parte de lo malo que somos hoy se lo debemos a esa dictadura y a gente como usted, señor ex embajador Otero.

lunes, 31 de mayo de 2010

Mala gente que camina y va apestando la tierra...


"En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,


y pedantones al paño 
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas


mala gente que camina
y va apestando la tierra..."


(He andado muchos caminos, fragmento. Antonio Machado)

Quisiera no tener que escribir esto. Quisiera que mi espíritu, mi alma, lo que hay dentro de mi ser entero no me empujase, no me obligase a escribir cosas desde el dolor, desde la rabia, desde la desazón. Porque hoy me cuesta creer en las personas, hoy me cuesta ver en los otros a mis hermanos, y no deseo el futuro sino el castigo y me siento menos bueno. 
Y es que no entiendo, mi Dios, verdad que no entiendo. ¿Por qué, Señor? ¿Por qué personas, hijos tuyos, hermanos míos, pueden actuar así, como actúan, fuera de toda lógica, fuera de todo amor, fuera de la más mínima misericordia? 
Mi hermana salvó una perrita. La salvó de una muerte segura, por frío, por hambre. La salvó después de que sus dueños la tiraran a la calle, solo porque se aburrieron, porque quizá ensuciaba o tenían que gastar dinero en su alimentación. Mi hermana la salvó. Le dio comida. Le compró una casita. Y el animal se lo agradecía a diario, con su cola, con su compañía, con su alegría al verla a lo lejos. No podía traerla a casa, porque con tres perros ya no nos quedaba espacio, pero siempre buscó que estuviera mejor. Que no se mojara en la lluvia, que no pasara hambre, que no se la comieran viva las garrapatas. En casa le ayudábamos. Quizá intentando no encariñarnos, pero era inevitable. Y como podíamos le comprábamos alimento, remedios, antiparasitarios. Inclusive íbamos a esterilizarla para que no diera problemas, para que no molestara a nadie.
Aún así, vecinos furiosos nos conminaban a espantar al pobre animal, a deshacernos de él. Que es una locura gastarse el dinero en eso. Que afea el ambiente. Las críticas venían, inclusive, de quienes botaron a la calle a la pobre perrita. Y sin embargo, mi hermana siguió adelante, intentando hacer ver a las personas que la culpa de los perros callejeros no es de los perros, pero si las personas cree que la pobreza se origina porque hay pobres... poco podía hacer mi hermana.
Así que, un día, aprovechándose de la ausencia, se llevaron a la perra. Solo Tú, Señor, sabes qué le hicieron y dónde la dejaron. Sólo Tú, Señor, que no me contestas, sabes si vive, si está bien o sufre. Solo Tú puedes dimensionar el dolor de mi hermana. 
Quizá Tú si entiendes los por qué, Dios. Yo no puedo. Yo no sé siquiera si quiero entender. Solo sé que hay días, como hoy, que quisiera castigos, quisiera venganza, quisiera blandir una espada sangrienta. 
Te preguntarás, amable lector, de qué me extraño, de qué me espanto. ¿No han sido seres humanos quienes construyeron campos de concentración, sillas eléctricas, aparatos de tortura? ¿De qué te extrañas ahora? Si un hombre es capaz de matar a otro por unos pesos... ¿No es mucho más capaz de matar a un pobre perro?
Hay tanta, tanta mala gente que camina por la tierra... pero el poema de Machado tiene una segunda parte. Y, entonces, veo a mi hermana. Y ya no quiero tanto el castigo como la justicia. No quiero tanto la venganza como la paz. Y todavía dentro de mí creo que puede haber futuros, y que podemos ser "Buenas gentes que laboran, pasa y sueñan. Y en un día, como tantos, descansaremos bajo la tierra". 

jueves, 20 de mayo de 2010

Attack of the red jackets! (o dejar al gato cuidando la carnicería)





Pensar que hace solo unos años, unos cuantos lustros apenas, el color rojo se relacionaba con todo lo malo, lo "demoníaco", por así decirlo. Los "curas" rojos eran perversos seres que ayudaban a esconderse a los terroristas que se oponían al gobierno. Los "rojos", así, a secas, eran esos anacrónicos comunistas que seguían pegados en la "UP" y sus mil días del terror. Se nota que hoy han cambiado los tiempos. Hoy, nuestras flamantes autoridades se han "empoderado" (palabrita que mucho les gusta y rescataron del diccionario de Corominas) del rojo. Sí. Cuales repartidores de pizza y con la patriótica e incomprendida tarea de rescatar nuestro escudo patrio, las nuevas autoridades se mandaron a confeccionar vistosas y 100% nailon chaquetas rojas con el escudo por delante y por detrás (me recuerdan un poco al traje del hombre araña).
Y así de presidente a paje (que vendría siendo algo así como gobernador o subsecretario) se pasean sobre las ruinas de las ciudades prometiendo más "viviendas de emergencia", ese lindo eufemismo para "casuchas", que permitan a las personas no seguir congelándose o mojándose en este invierno que se nos viene. 
Pero las chaquetas rojas aseguran protagonismo, aseguran resaltar entre el grupo. Dan la sensación de estar siempre en acción, trabajando o repartiendo pizzas, pero moviéndose. Con todo, las chaquetas parece que no son de muy buena calidad, porque ya se están deshilachando, es decir, en buen chileno, están mostrando la hilacha.
Nuestro ministro de salud era dueño de una de las clínicas más importantes del país y, ups!, el hermano del presidente choca a una persona, se fuga del lugar, se va a la clínica y recién le practican la alcoholemia 13 horas después...
Nuestro presidente es dueño de un importante canal de televisión y, ups!, debe nombrar al director del canal estatal nacional: TVN...
Nuestro ministro del interior, que pide a diario altura de miras y sensatez, asiste al congreso y no encuentra nada más inteligente que ofender a un diputado con información que encuentra en el Facebook de alguien anónimo...
Nuestro presidente, que fuera dueño de una importante línea aérea, la vende después de muchas presiones, pero con una hábil triquiñuela consigue pagar menos impuestos. La legalidad de esa triquiñuela debe ser revisada por el director de impuestos internos pero, ups! he did it again, el director es nombrado por el presidente...
Podríamos seguir, pero sería más de lo mismo. Nuestro presidente, en un derroche de inteligencia, señaló en Argentina que "Solo los santos y los muertos no tienen conflictos de interés", pero por lo visto el 95% de los chilenos estamos muertos o hemos sido ascendidos a los altares, porque no tenemos conflictos de interés en nuestro días a día. 
Lo que hoy ocurre con nuestras autoridades es uno de los grandes enemigos de la democracia: la concentración del poder. El poder económico, los medios de comunicación y, finalmente, el poder político. Todo cargado hacia una derecha voraz y ultraconservadora. Y aunque realmente nunca las autoridades incurran en delito o falta alguna, la sombra de la duda estará allí, lo que puede terminar siendo aún más dañino. 
Hemos de esperar que las chaquetas rojas solucionen de verdad sus conflictos de interés a la brevedad, aunque si he de ser sincero, lo dudo bastante, porque hasta ahora el pueblo a través de su voto, votó para dejar a los gatos que mientras más comen más hambre tienen, cuidando la carnicería.