sábado, 14 de noviembre de 2009

Colusión por el cambio II: Planes estratégicos...




Para: Tatán Piraña (givemeallthepower@lan.cl)
de: C. Espejo (xenofobos666@udi.cl)
C.C.: R. Hinzpeter (smithers@lyd.cl); P. Longueira (jaimemehabla@udi.cl); J.A. Kast (hitlertenialarazon@udi.cl); C. Larraín (tatakamon@rn.cl); J.A.Coloma (nopongolaestrellayque@udi.cl) J.Piraña (yolesquitelapension@chicagoboys.com); J.M. Aznar (quierosercomobush@pp.es); D. López (soyeltata73@hell.com); Negro (papurri_quiero_el_fondart@entrenegros.cl)

Querido amo:
Tengo el agrado de informarle que ya tengo algunas de las las "ideas fuerza" para los primeros 666 días de nuestro gobierno. Bien sabe, mi lord, que se me encomendó pensar en las cosas menos populares y más secretas para cuando nos hagamos del poder por fin. Es por ello, que ruego ser muy cauteloso con el contenido de este mensaje, el que solo he enviado a una serie de colaboradores de mi más plena confianza, y de la suya, claro está.
Aquí van las ideas fuerza:
  1. Desalojo de los inmigrantes "non gratos": Dentro de los primeros días, nos desharemos de todos aquellos inmigrantes que generen "molestia visual" en nuestros más importantes adherentes. Primero empezaremos con los peruanos indocumentados, para seguir después con los documentados (mediante un DFL), los colombianos, los ecuatorianos, los haitíanos, los argentinos no bonaerenses o sin herencia italiana, y todos aquéllos que no cumplan con un estándar deseable de blancura de la piel. Debe incluirse en el presupuesto 2011 del Minindancia, dineros necesarios para los "campos de espera" donde agruparemos a todas estas personas mientras son deportadas. 
  2. Eliminación de grupos que atentan contra la moral y las buenas costumbres de la gente como uno, es decir, gente bien: Desde el 2011, comenzará la erradicación paulatina, pero sistemática, de todos aquellos enclaves que dañan nuestra sagrada moral cristiana apostólica y, por sobre todo, romana. Mediante el plan que por ahora llamo "Pisagua" y que va en un documento adjunto, serán extirpados los cánceres del homosexualismo, la vagancia (eso incluye a los gitanos), pseudo artistas amorales, ecologistas, etc. Continuaremos, en pos de la paz social, con los sindicalistas, comunistas, periodistas no afiliados, dirigentes sociales que no pertenezcan a nuestros sacros partidos, curas rojos y obreros, etc. Recordar incluir en presupuesto 2011 y 2012 dineros para balas, palas, rieles, alambres de púa, e insumos afines.
  3. Amnistía general para violadores de los DD.HH.: Como el punto anterior, bajo el pretexto de la necesaria paz social y la mirada hacia el futuro y no en el retrovisor, haremos cumplir la ley de amnistía que durante el gobiernos del Inmortal fuera redactada por ese gran hombre que fue el fiscal Torres. Todos los grupejos de familiares de DD.DD y de supuestas víctimas de DD.HH. serán disueltos por el solo ejercicio de la ley y sus miembros perseguidos por la fuerza pública si persisten en su lucha anacrónica. Para ello, propongo la creación de una policía política secreta, llamada Perseguidor Manuel Contreras, que ayude a mantener la paz del país.
  4. Toque de queda para la Paz y la Seguridad Ciudadana: En vista de que nuestra campaña del terror a través de los medios de comunicación que manejamos desde hace décadas surtió efecto, instauraremos el toque de queda a partir del segundo semestre de nuestra tiranía reinado gobierno. Los argumentos que se darán a la chusma inconsciente son: es por el bien de todos, se prevendrá la delincuencia, los maridos, jóvenes y niños estarán temprano en casa, etc, etc. Solo aquellos ciudadanos que acrediten una renta mensual líquida no inferior a los 999.990 pesos podrán salir a la calle después de las 22 horas, pues ellos no necesitarán robar. Este plan está lleno de beneficios: trabajadores más descansados para la explotación diaria, bombardeo de basura farandulera por la TV a partir de las 22 horas, fin de manifestaciones perniciosas como teatros y lugares de reunión y posibilidad de que la gente como uno se mueva por la ciudad sin temor a que un roto lo asalte en la calle o le quite su BMW. 
  5. Verdadera y profunda reforma educacional: Paulatinamente, se eliminarán de todos los colegios públicos (que también serán eliminados más adelante) y particulares subvencionados, todas aquellas asignaturas inútiles para los hombres y sus mujeres del futuro que queremos construir. Asignaturas que no están dentro de la PSU, que será el fin último de la educación, y el instrumento que decidirá el futuro de la mano de obra del mañana. Las asignaturas eliminadas serán: filosofía, literatura, artes, música, danza. Las que serán reemplazadas por más horas de matemáticas, contabilidad, finanzas, redacción informativa. Se instalarán cámaras en cada sala de clases para supervigilar el cumplimiento de los altos ideales de esta reforma. Además, se imprimirán cientos de afiches para diarios murales con consignas educadoras como "La guerra es la paz" "Libertad = esclavitud" "Ignorancia es fuerza". Parte importante de esta estrategia es que se entregue la administración de las universidades estatales a un grupo de universidades de gran prestigio y bajo nuestro control: La U de Chile a la del Desarrollo, la USACH a la Finis Terrae, la U de Concepción a la Adolfo Ibáñez, etcétera, etcétera.
Por ahora, eso. Espero que sea de vuestro agrado, mi Führer. Espero su respuesta con sugerencias y correcciones.
Atte. Cristiancito.

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Adj.:
plan_pisagua.doc

viernes, 6 de noviembre de 2009

Presencia de Dios



Desde hace un tiempo, como puede haber notado quien leyese este blog, mi fe había estado experimentando diversos tipos de problemas, originados también en los diversos problemas que día a día había estado teniendo en la vida personal y laboral. Con todo, vine a dar con una depresión pos estrés bastante molesta que no me dejaba ver el sol y que me tenía lleno de achaques y dolores, principalmente del alma, que sin duda, son los peores.
Para intentar sanar, debía alejar la causa de mis problemas, que en ese momento, pensé ilúsamente, se debían mayormente a mi trabajo. Trabajo que ya no disfrutaba, en el cual era tratado por muchas personas injustamente y que, además, había perdido completamente el sentido para mí.
Pues bien, después de varias horas de psicólogo y conversaciones espirituales con curas, con amigos y amigas, con la familia, con mi polola, con gente que no conocía y me encontré por ahí, empecé lentamente a sentirme un poco mejor y a desear hacer nuevas cosas, cambiar de alguna manera, volver a creer.
Un viaje. Sí, un viaje. Salir aunque fuese por unas pocas horas de lo cotidiano, conocer nuevos lugares, respirar otros aires. Y, como además debo buscar con urgencia un nuevo trabajo, junté las dos cosas y salí de Santiago abordo de un tren rumbo al sur: Concepción era mi destino.
Qué hermosa ciudad es Concepción. Y qué maravilloso fue recorrer en tren los pueblos vecinos a la ribera del Biobío. Pero no es de aquello de lo que quiero hablar en esta ocasión, sino de lo que bien resume el título de esta entrada: de la presencia casi siempre desapercibida de Dios en nuestras vidas.
Si no es Dios, ¿Cómo puedo entonces explicarme cosas como las que me ocurrieron? ¿Solo gracias a la coincidencia? ¿Al azar?
San Rosendo. Por este pequeño pueblo debían pasar los trenes a y desde el sur y los que tuvieran como destino Concepción. Hace unas décadas, un importante centro de tranporte; hoy, casi solo ruinas. Pues bien, esas ruinas me interesaban y fui a visitarlas.
Allí, entre humedad y vegetación, los rieles se oxidan, los viejos coches, automotores y locomotoras enmohecen y la casa de máquinas augura una estrepitosa caída sobre sus pilares derruidos. Varios megabytes de fotos me dediqué a sacar entre esos parajes que el hombre quiso dominar y que la naturaleza está cobrando otra vez para sí. Y no había nadie más allí. El pueblo, sobre el cerro, permanecía mudo. No había otros nostálgicos sacando fotos. Solo el río imperturbable, el cielo y viento. Y muchos caminos, muchas direcciones que tomar... y sin embargo, opté por una, por un costado de la ruinosa casa de máquinas y lo que debió ser la vivienda de quienes habitaron allí. Una vivienda que debió ser hermosa. Y de pronto, un gemido, dos. No son humanos. Ladran. Perros. Perros que gimen  y lloran. Y sigo adelante y los busco.
En lo que debió ser el subterráneo de la vivienda, dos cachorros gimen desesperados. Son solo piel y hueso. Cuánto tiempo habrán estado ahí, sin comida, sin agua, sin calor. Qué perversa alma pudo abandonarlos así, dejando a la cruel hambre actuar sobre ellos. Hay que sacarlos, salvarlos. Pero yo no estoy solo. Podía haberlo estado, pero no lo estoy. Ella está conmigo. A pesar de que no era la idea original, ella ha venido conmigo. Y entre ambos, formamos una cadena. Y ella baja, toma los cachorros, los sube. Yo la subo a ella. Yo no iba a traer comida, pensaba comprarla. Pero ella si trajo, la preparó y ahora se la damos a los perritos. Comen deseperados, ávidos. Lo que comen es la vida que alguien quiso quitarles. Nos alejamos de allí.
Mi ánimo se ha estragado. Siento que regresa la rabia, la pena. ¿Qué ser humano puede actuar de tal forma? ¿Con tanta crueldad ante la vida? Pero algo ha cambiado, pues ya no pienso tanto en eso como en el hecho de que yo, ella, ella y yo estamos ahí, y pudimos no haber estado. Y ahora esos perritos tienen una oportunidad de vivir, de crecer. Y yo, cesante, enfermo, amargado crónico, no debería haber estado ahí, en San Rosendo, un miércoles 28 de octubre. Pero estaba, sin más razón que la fantasía de buscar un trabajo que nadie ofrecía y las ganas de tomar fotos al pasado.
Y parado entre dos rieles, viendo comer a esos cachorros, recordé que tantas veces habían pasado cosas así. La examen para el que no pude estudiar y se canceló; la micro que se me pasó y la viejita perdida en la capital que tuve que ir a dejar a su casa; la pareja de mapuches que no encontraban a su hermano y que fueron a dar al almacén de mi mamá... y tantas cosas más, tantas que no pueden ser solo la coincidencia.
Hace unos meses le dije a una amiga que necesitaba creer que las cosas pasaban por algo. Mi vida carecía de sentido si todo lo que ocurría no tenía una razón de ser, aunque fuese incomprensible para nosotros. Quizá nuevamente estoy pecando de ingenuo, o de loco, o simplemente me estoy sugestionando. Pero quiero creer que Dios se manifiesta en esas cosas tan "absurdas" como dos perritos que ahora estarían muertos si un profesor santiaguino no hubiese dejado de creer en Dios y en su trabajo, mandara todo a la mierda, renunciara, se sintiera pésimo, quisiera encontrarse a sí mismo, tomara un tren sin objetivo aparente, se fuera a sacar fotos a San Rosendo y encontrara a dos perritos que podrían estar muertos. Sí, podrían haberlo estado, pero no lo están.
Por esta vez, me permitiré creer.


domingo, 1 de noviembre de 2009

Anti Jálogüin




Debo confesar que pocas cosas me molestan más que la estupidez "conciente" de la gente, o por así decirlo, el que las personas de dejen meter el dedo (y varias cosas más) en la boca sin decir ni "pío". Y es precisamente eso lo que me pasa con el tan mentado jálogüin aquí en Chile. Como pueden ver, me he tomado la libertad de castellanizar la palabra, porque ya casi es "nuestra", la hemos aceptado como lo más normal del mundo, como la Navidad, la Pascua o el 18.

Pensar que hace unos años, una alcaldesa farandulera se la impuso a su pueblito de Pelarco, como si se tratase de otra fiesta huasa más y se maravillaba de ver a eso simpáticos "rotos" disfrazados de fantasmas, brujas y zombis. Y ni nos dimos ni cuenta cuando los medios nos la metieron a la fuerza, principalemente a través de las débiles mentes de nuestros niños. Medios de comunicación masiva ávidos de recibir el dinero que sus amos, los grandes empresaurios, les darían por publicitar sus productos: calabazas (ojo, no zapallos) de plásticos, dulces de colores antinaturales, máscaras de tolueno, disfraces basura... comenzaba la fiesta.

¡Con horror, pude ver que hasta colegas de kínder y básica les celebraban el jálogüin a los niños en el colegio! ¡Colegio Católico además! Y no faltaban los pelotudos adultos que se disfrazaban para hacer fiesta... total, para tomar siempre hay una excusa.

De más está decirlo, pero nuestros amorosos padres chilenos, que con tal de que el hijo se deje de hinchar, le compran disfraces y hasta los acomnpañan a molestar a los vecinos gritando frente a cada puerta: "¡Dulce o travesura"! y ay del vecino que no dé dulces, mal vecino, mal chileno, apatrida y amargado de mierda...

¡Cómo podemos ser tan imbéciles! Si al menos fuese algo bueno, positivo o guardara alguna relación con nuestra cultura... pero no. ¿Es la muerte buena? ¿Son buenos los cadáveres? ¿Las brujas? Estoy seguro que si les arrojo una araña de verdad a los amorosos niños que molestan fuera de mi casa, saldrían despavoridos, pero bien que se echan encima esa telaraña en espray.

¿Hasta cuándo permitiremos que nos pasen a llevar así como pueblo, como cultura, como nación? ¿Cómo podemos permitir que nos quiten lo nuestro y nos impongan algo ajeno y más encima, lo agradecemos? Bien podrían decir nuestros ancestros que somos mucho más yanaconas que mapuches y mucho más yanquis que españoles...

¡Odio jálogüin!

miércoles, 21 de octubre de 2009

Síndrome Gregorio Samsa



Una mañana, después de algunos años de hacer clases, Felipe se despertó convertido en un horrible insecto. Estaba echado en su cama de espaldas y al mirar al techo pensó "¿qué me ha pasado?". La verdad, había notado hacía tiempo la lenta metamorfosis que experimentaba, sobre todo en las mañanas, al mirarse en el espejo del baño. A través del cristal empañado, podía distinguir las incipientes antenas que ocultaba su cabello y el extraño endurecimiento de su espalda, que lentamente iba formando una especie de espantosa y negra caparazón. 
Intentó ponerse de pie, pero las fuerzas no lo acompañaron. Sentía que no tenía el control de su nueva forma y le resultaba sumamente difícil coordinar las delgadas y negruzcas patas que en tríos brotaban de sus costados. Sin embargo, desde su posición, podía ver el reloj que ya marcaba las seis menos diez. "Llegaré tarde". Pensó, e intentó nuevamente bajar de la cama, mas fue tan inútil como el primer intento. "Y si llamo al director y le digo que estoy enfermo?" El teléfono yacía gris sobre el escritorio. "Después de todo, el director tendrá que entender" reflexionó. Pero Felipe sabía que eso no ocurriría. El director no entendería sus razones y aunque aceptara que Felipe estuviese enfermo, dudaría y probablemente buscaría el modo de desacreditarlo, calificándolo de flojo o aprevechador. Por
tercera vez trató de salir de la cama, y con todas sus fuerzas consiguió girar de costado, pero se arrepintió demasiado tarde, pues solo logró caer con fuerza y de mala forma, lastimádose una de sus patas y la cabeza, de la cual manó un líquido viscoso y negro que incluso a él causó algo de repulsión. 
"¿Qué más puedo hacer" se dijo y simplemente dejó pasar el tiempo. 
Cerca de las siete, sintió que subían por las escaleras. "Seguro que ha de ser mi madre, que notó la hora y está preocupada porque no me he levantado" pensó. 
"¿Estás bien, Felipe" escucho que preguntaba detrás de la puerta. Intentó contestar, pero al instante se dio cuenta de que ya no emitía palabras, sino solo rugido, gritos y gruñidos initeligibes. Su madre abrió la puerta y horrorizada ante el aspecto de su hijo solo atinó a gritar y luego se desvaneció entre lágrimas. Al ver aquello, Felipe intentó ayudar a su madre, arrastrándose como pudo hacia ella, pero al instante también acudió su padre, su hermano y su hermana. La hermana socorrió a la madre, mientras que el padre y el hermano a bastonazos hicieron retroceder hasta un rincón al atribulado y adolorido Felipe, que consciente de la situación, no podía aún explicarse lo que le ocurría...


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... Lentamente la metamorfosis de Felipe se fue haciendo algo rutinario en el hogar. Y el mismo Felipe se fue acosumbranndo a ella. Había recobrado el dominio de su cuerpo y se divertía escalando las paredes o colgándose del techo. Por supuesto que ni el director ni nadie de quienes tenían poder y control sobre él, había entendido o querido comprender siquiera su situación, a pesar de que sus alumnos no terminaban de entender qué había ocurrido con su profesor. Algunos lo culpaban de su transformación, tildándolo de débil y fracasado; otros, en cambio, solidarizaban con él y señalaban que las largas horas de trabajo, la rutina y su absurdo idealismo habían terminado pasándole la cuenta. Los más, sin embargo, simplemente se acostumbraron pronto a su reemplazo: una mujer descuidada y sin escrúpulos que solo se limitaba a dejar contento al director en sus caprichos educativos.
La antigua habitación de Felipe también había cambiado. Ya nadie la aseaba (su hermana le ayudaba antes), los muebles y la cama estaban en completo desorden y el polvo, los papeles y los restos de comida se repartían por todo el piso. Al principio, su hermana visitaba a Felipe a diario e intentaba comunicarse con él, y él lo agradecía, pero resultaba inútil, pues ella era incapaz de entenderlo. Finalmente, optó por la decisión sabia del resto de la familia: lo echó al olvido. Sin embargo, amablemente, siguió arrojándole algunas sobras de comida que Felipe agradecía sinceramente. Por alguna razón la comida rancia se había tranformado en su favorita.
Claro está que al no poder volver a su trabajo ni poder seguir pagando sus deudas, Felipe complicó de sobre manera la ya difícil situación económica de la familia, obligando a todos sus integrantes a prescindir de los pequeños gustos que podían de vez en cuando darse, y a tener que trabajar en todo lo que pudiesen para juntar algo más de dinero. Y aunque su familia no lo sabía, todo ello provocaba una profunda tristeza e impotencia en el alma de Felipe, que encerra en susu habitación era testigo silencioso de los esfuerzos familiares y recordaba con angustia los tiempos en que él le era útil a su familia y podía ayudar a sus hermanos y pagar cuentas y, a veces incluso, invitarlos a salir. Todas estas penas, iban debilitando cada vez más la salud de Felipe, que se sentía cada a vez más enfermo, aunque nadie lo notara...

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... Después de casi un año, una noche de lluvia y frío, Felipe se acercó lo más que pudo a la puerta de su habitación. Desde allí pudo escuchar la conversación y la risa de los miembros de su familia que cenaban felices en la planta baja de la casa. Hubiera querido estar con ellos, como antes, pero no podía, porque él ya no era el de antes y, por lo mismo, no provocaba otra cosa que repulsión y desprecio en quienes amaba. Sentía un frío atroz y hacía días que no comía. Una de sus patas, la que se había herido el día de su tranformación, nunca sanó, y es más, se infectó horriblemente, supurando un pestilente líquido a toda hora. Casi sin fuerzas, logro echarse bajo lo que fue una vez su escritorio y se acomodó entre la basura del suelo. Cerró los ojos y deseó vehementemente que todo terminara pronto...


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La familia pudo al fin descansar después de una larga y angustiosa agonía. Al fin el futuro se veía esperanzador y las cosas sin duda mejorarían. Quién podría culparlos por sentirse aliviados después de que se les quitase tal peso de encima. Al fin, decidieron dedicarse un día a la recreación y se fueron a pasear los cuatro por la ribera del río. Mañana, volverían a pensar en los afanes de cada día, pero hoy disfrutarían de sentirse cada vez más contentos.



domingo, 18 de octubre de 2009

"El tiempo, el implacable, el que pasó". *




Ya tarde se sentó frente al computador. Había terminado el día. Un día más como tantos otros, monótono e intrascendente. Otra hoja más en el calendario, otro año más como los anteriores. Se sentó a oscuras frente a la pantalla del computador que iluminaba débilmente la habitación. ¿Habría, en ese mismo instante, otros hombres como él, sentados solos y a oscuras en su habitación? De qué le habían servido tantas y tantas preguntas que nunca encontraron respuesta. Se sentó a oscuras a meditar, a recordar. Recordar se había transformado en su ejercicio favorito, y tantó llegó a recordar, que muchas veces sintió miedo de que sus recuerdos no fueran más que invenciones y engaños del corazón.
A oscuras, sentado frente al computador, suspiró por los sueños que murieron sueños, por los ideales apartados por el día a día, por el amor que lo desangraría y que nunca llegó. Una lágrima apareció al recordar al niño que jugaba solo en el patio de sus abuelos, con tapas de ollas, con envases vacíos, con pequeñas hojas de papel roneo que le daba su abuelo. Recordó también al adolescente siempre enfundado en su uniforme de liceano que fue. Tardes y tardes de soledad después del colegio. Solo los libros y la radio por compañeros, por amigos. ¿Sabría la gente cuán solo puede sentirse un joven? Otra vez las preguntas... y mientras otros besaban, él contemplaba los besos de otros. Los leía en libros, los veía en películas. Y se pasó la juventud besando Dulcineas, Beatrices, Amarantas y Marías. "Solo Dios sabe si existen, Sancho".
Después, por unos cortos años creyó conocer la grandeza del hombre, el esplendor. Sí, había un mañana, un futuro. Y se sentía alegre bajo añosos árboles y derruidas salas de clases. Feliz de escuchar a los profesores y tener amigas, muchas amigas. Y reir y reir y reir. Y conversar, pensar, discutir, amar. "Construiremos algo grande, seremos partícipes y no espectadores" Cuán iluso fue.
Ahora, ahora mismo, él está sentado solo, cansado y a oscuras frente al computador. Ha pasado otro año y no le quedan más que recuerdos felices. Ya no hay risas, ni sueños. Porque él ya no sueña. Algo se quebró. Su único anhelo es la evasión, la melancolía. Él, a oscuras, ya no se siente él. Y así, sentado en la oscuridad de su habitación, se duerme.
Mañana, otro día más y a envejecer.

*Título de una canción de Pablo Milanés.

sábado, 3 de octubre de 2009

Colusión por el cambio.



A.A.: Siendo las 3:33 de la mañana, se abre la sesión en nombre de Dios...
(Risas)
A.A.: ¡Silencio! Tenemos mucho que discutir, así que hay poco tiempo para reir. Las cosas no están tan cocinadas como creímos... el debate no fue lo que esperamos, sinceramente.
C.L.: ¿Y qué esperabas? Ese narigón memorión...
R.H.: Calma, calma. No se sulfure Carlos. Mire que se va arrugar más y con razón le van a seguir diciendo momio. Simplemente hay que seguir con la estrategia. Negar y negar. Si algo aprendí en mis MBM y mis PHD en los más prestigiosos college en yuesei es que los chilenos tienen pésima memoria...
Todos: ¡Aleluya, amén! ¡Aleluya, amén!
C.L.: ¿Usted cree, Rorrito?
R.H.: ¡Ofcorse, don Carlos! Sí no, pregúntele a Evelyn...
E.M.: ¿Qué pasa conmigo?
R.H.: Nada, nada, guachita. Pero, ¿Te suena de algún lado una radio Kioto?
E.M.: Eh... déjenme pensar... ¿Me la regaló mi papá?
R.H.: No lo creo. ¿Quizá un señor dueño de un canal?
E.M.: ¿Seba?
R.H.: No, loquilla. Un caballero que ya está en el Santo Reino.
(Más risas)
E.M.: Este... no. Nada.
R.H.: ¡Ve don Carlos!
C.L.: ¡Macanudo!
R.H.: Como decía mi inspirador, Joseph Goebbels: "Miente, miente, que algo quedará".
(Vítores espontáneos y risas macabras entre el público)
A.A.: Ya, ya. Basta. Queda mucho por hacer todavía. El desalojo peligra si nos confiamos. Y no podemos perder, miren que ya compré las pintura para mi nueva oficina en el Ministerio del Interior: negro oscuro...
P.L.: ¡Epa, Andrecito! Ya habíamos conversado...
A.A.: Usté lo dijo: CON-VER-SA-DO. No A-COR-DA-DO...
C.L.: ¡Qué soberbio spelling!
A.A.: Gracias (sonrojado)
P.L.: Miren, la cosa era así: si el presi era RN el ministro del interior era UDI y viceversa...
(murmullos)
R.H.: Amigos, no nos entrampemos en las viejas discusiones de siempre. Ya habrá tiempo para la repartija después del desalojo...
P.L.: ¡Claro! Como tú ya tienes asegurado el ministerio de propaganda...
R.H.: Se llama Secretaria general de la presi...
S.P.: ¡A callar!
(El público se arrodilla y colocan la frente y las palmas en el suelo. Los de la testera saludan extendiendo el brazo derecho)
R.H.: ¡Amo y señor! No lo esperábamos aún...
S.P.: Así veo, ineptos. Con razón no subo en las encuestas. Ustedes solo se dedican a repartirse la torta. Hagan como yo... no repartan.
C.L.: Sabias palabras, milor. Bien decía mi santa madre (risas muy bajas) que no es bueno limpiarse el popó antes de obrar.
S.P.: ¡Tatsrait, Charles! Gracias a su incompetencia, me vi muy mal en el debate...
P.L.: (entre dientes) y gracias al cirujano plástico también...
S.P.: ¿Cómo dices, Pablito?
P.L.: No, nada.
S.P.: Más te vale. Mira que ese ministerio ya tiene tu nombre...
A.A.: ¡Pero Seba!
S.P.: ¡Shatap! Aquí el que tiene el billulo manda y ese soy yo.
Todos: ¡Aleluya, amén!¡Aleluya amén!
S.P.: ¡Muchachos, la contienda es desigual! Si no, ¡pregúntele a Arrate!
(Risas demoniacas y febriles de la concurrencia)
S.P.: Ya, fuera de bromas, hay que parar la chacota. MEO me jode con lo de las platas de campaña y el Narigón delator sacando cosas de mi pasado. Esto puede salirse de control. Sin contar que la mamá de Chile no deja de crecer en las encuestas. Es por eso que he ordenado a mis esbirros en CHV, COPESA y EL MERCURIO que insistan en nuestras ideas fuerzas de campaña: la delicuencia, la puerta giratoria, la cesantía.
R.H.: ¡Sí, amo, sí! Hay que insistir en eso de los problemas reales de la gente. Nada de cambios constitucionales, reformas laborales, crecimiento del Estado...
(El público se estremece ante la pronunciación de la última palabra)
Todos: ¡Líbranos, Señor, del Estado!
S.P.: Gud, gud. Eso es. ¡Pronto los sith volveremos a gobernar!
Todos: ¡Ñaca, ñaca, ñaca! (Cantan)¡AFP sí, Estado NO! ¡Isapre sí, Fonasa NO! ¡Empresarios sí, Políticos NO!

(To be continued...)

viernes, 25 de septiembre de 2009

Malos sueños



Como sueño era curioso, porque estaba lleno de olores y yo nunca sueño con olores... No, esperen, creo que eso ya lo ha escrito alguien antes. Bueno, de todas formas era curioso, extraño. Mis sueños hace un tiempo han estado así, por decir lo menos. Hoy me cuesta dormir y antes me quedaba dormido en los momentos más inoportunos.
Pero no quiero desviarme. Este último sueño me ha dejado de sobre manera excitado, nervioso, angustiado. Siento que necesito cojurarlo de alguna manera y la única que se me ocurre es contándolo.

Era ya de noche. No recuerdo cómo llegué a un almacén. Había luz dentro, pero parecía como de vela o de una ampolleta de pocos vatios. Las paredes del lugar eran de un color verdusco mugriento. Todo el ámbito estaba plagado de un olor dulzón, similar al de las heridas infectadas. Sabía que allí debía haber estado mi familia, algunos amigos, alguien conocido y querido, pero sin embargo el lugar estaba vacío. Busqué por todos lados, llamé en voz alta, pero no contestó nadie. Mi ansiedad iba en aumento. Afuera, a través de las pequeñas ventanas, solo se veía un profundo negro del la noche sin estrellas, sin luna, sin nada. Volví a repasar con la vista el sitio, buscando algún vestigio de mis seres queridos, pero nada. Como siempre en estas situaciones, intenté tranquilizarme, racionalizar. La única conclusión: se trataba de un sueño. Solo debía despertar, varias veces lo había hecho antes. Bastaba con desearlo y ¡plaf!, los ojos abiertos y la tranquila soledad de mi dormitorio.
Sin embargo, esta vez no pude. Era como si unas cadenas, un peso enorme, unas manos gigantescas me impideran mover mi cuerpo, abrir los ojos. Sé que estuve a punto de lograrlo, porque alcancé a escuchar los ruidos de quienes estaban despiertos cerca; música a lo lejos, el ladrido de un perro, risas... mas mis ojos seguían cerrados y yo retornaba a la penumbra del almacén, rodeado de cajas ocres, frutas descompuestas, el repugnante olor de la peste...
Me desesperé. Sabía que estaba dormido y no podía despertar. Volvía a cerrar los ojos en el sueño, anhelando abrirlos y estar despierto. Otra vez casi lo logro, la música... la risa... el almacén. Allí seguía parado, ya presa del pánico. Y aun lo peor estaba por venir.
Algo estaba detrás mío. Lo sabía. Me observaba. Empecé a temblar. No quería darme vuelta y, no obstante, una fascinación se apoderó de mí. Comencé a girarme lentamente y allí estaba. No me pidan descripciones porque no puedo darlas. Mi cerebro no era capaz de armar, ordernar racionalmente lo que estaba viendo. No podía describirlo, pero sabía lo que era: el diablo.
No intenté escapar. Sabía que era inútil. Solo inentaba deseperadamente abrir lo ojos, o cerrarlos o gritar. Nada. Las lágrimas me corrían por la cara profusamente. Y empezó a reir, a reir, muy despacio. Casi no se podía oir su risa, pero reía, se reía de mí, de mi deseperanza, de mi soledad, de mi ausensia de Dios...
¿Por qué busqué tanto y no pensé en Dios?
El mismo que estuvo junto a mí tantas y tantas veces antes, a quién sentía tan cerca, tan a mi lado hace algún tiempo.
La voz de mi madre me despertó. "Levántate" me dijo. Lo agradecí en silencio.

Ahora, tengo miedo de dormir. Pero lo raro, es que no tengo miedo de volver a esa horrible pesadilla, sino de encontrarme en mi sueño con Dios. Es absurdo, pero me siento como el hijo que debe conversar algo muy serio con un padre severo. Me da miedo rezar, porque no sé que decirle a Dios. ¿Pedirle ayuda? Creo que no la merezco... ¿Pedirle perdón? ¿Pedirle consejo? Pedir y pedir... siempre pedir. Qusiera pedirle que me escuche, pero más importante, que yo pueda escucharlo... sentirlo como antes (aunque hasta de eso dudo ahora). Qusiera que fuera de carne y hueso por unos minutos otra vez y se sentara a mi lado, me tocara el hombro, me diera un abrazo.


sábado, 19 de septiembre de 2009

Frío



Paso las noches en vela
sintiendo el frío.
En mis manos,
en mis rodillas,
en mis pies,
el corazón.

Y siento que la alegría del mudo se contrae
y escapa.
Se funde en nada.
Y yo estoy a la mitad de nada.

Sintiendo el frío
paso la noches en vela.
Viene de mí
de mis entrañas,
de mi cabeza y mi pecho,
y no hay manta, calor ni abrazo que lo aplaque.

El sol es solo otra lámpara mortecina,
colgada del techo gris y húmedo.

El frío me congela,
me vuelve pétreo
y siento que ya nada puede entra en mí.

Dios no es más que un recuerdo,
un eco,
una vibración,
una campana lejana
que ya no me convoca.

Sé que estás ahí,
que existes,
que no te importo.
Por eso me duele haber crecido creyendo en tu Amor.

Ahora estoy compeltamente solo
y no hay ser humano en el mundo capaz de entender mi dolor,
mi frío.
Solo me declaran sus buenas intenciones.
Gracias,
pero no es necesario:
cuando el frío viene de adentro,
no hay estufa,
abrazo,
manta,
sol
ni Dios
que lo aplaque.

domingo, 13 de septiembre de 2009

La respuesta...

 
Ay, María Paz… tanto quisiera decirte y no hallo las palabras…
Con razón me acusas de cobarde, ¿Cómo voy a enojarme contigo por eso?
Pero estoy enfermo, María Paz, de la peor de las enfermedades: la del alma. Y necesito sanar, porque yo ya no era yo, María Paz. Era, soy aún, alguien que ya no amaba, que no sentía hincharse el corazón con lo que hacía. Estoy lleno de amargura, de pena y tengo la impresión de que mi corazón es algo parecido a un pez negro, que apenas aletea en mi pecho.
Es verdad que escapé, como han escapado tantos otros, desde Héctor perseguido por Aquiles hasta el pobre tipo que un buen día decidió saltar por la ventana del décimo piso. Escapé porque no podía escapar de mí, pero sí del dolor, del cansancio, del hastío. Al menos eso creo… quizá es una inocencia pensar que se puede escapar de esas cosas…
Tienes mucha razón, querida María Paz. Solo en algo te equivocas: no me rendí tan pronto. Dios es testigo de que lo intenté, de que luché por sobreponerme, por levantarme. Pero no pude, María Paz, no pude.
¿Haz sentido, cuando te acuestas, que una enorme piedra te oprime el pecho? ¿Qué un nudo se estrecha cada día, cada hora, cada segundo, más y más alrededor de tu cuello?
Era la angustia, María Paz, la angustia. Y lloraba a todas horas, y deseaba que un tren me pasara por encima con tal de no llegar al colegio, con tal de no escuchar las palabras hipócritas, con tal de no ver las caras falsas, de no sentir sobre mí las miradas de odio, de desdén, de quienes me creían su enemigo solo por no pensar como ellos, por no bailar a su ritmo, por no llevarles el amén.
¿Cuál fue mi pecado María Paz? ¿Podrías tú decírmelo?
Porque para muchos, mi pecado fue querer más de la cuenta. Confiar en las personas. Tener fe en las personas.
Creer que podíamos ser mejores, María Paz.
Creer que había algo más allá de las buenas notas, de las planificaciones, de los planes y programas, del SIMCE, de la PSU…  creer que más allá de todo eso estaban las personas, la solidaridad, la justicia, el amor.
Mi pecado fue ese, María Paz: construir castillos en el aire…
¿Qué más puedo yo decirte María Paz?
Qué bello nombre es tu nombre, María Paz.
Podría decirte que tu mala nota (la única, me parece) fue porque tu edición de los cuentos de Manuel Rojas no era Zigzag, sino Nascimento, si no me equivoco. Y que te enojaste porque yo había dicho “mala suerte” ante tus reclamos. ¿Nunca te pedí perdón por eso? Pues los siento, María Paz, lo siento mucho. Te pido perdón por eso y por todo lo demás. Por irme, por no haber sido más fuerte, pero ya ves que tengo vocación de esponja y no de piedra.
Una última cosa, María Paz. Y créeme, porque si he de decir la verdad alguna vez en la vida será esta vez: mi cariño, mi amor, mi admiración por ti, por el Bastián, por tus compañeros, por tantos y tantos alumnos de tu curso y de otros, es verdadero. Y lo llevo conmigo para siempre, porque como tú dijiste, por más que me esconda no desaparecerá.
Es verdad que ya no volveré. Pero no será el adiós. Más temprano que tarde, con la ayuda del Buen Dios sanaré, y entonces volveremos a vernos, a conversar y tú me contarás tu vida, tus alegría y tus penas, tus logros y tus fracasos, y nos reiremos como antes.
Por favor, perdóname María Paz. Dale un abrazo de mi parte al negro y dile que no se fugue más de la sala con la Dani. También saluda a la María Luz y dile que hubiese querido mucho conocerla más, como a ti. También al Walter y, por supuesto, al Felipe. ¡Qué buen niño es el Felipe!
Sígueme escribiendo, aunque solo sea para demostrarme tu enojo que merezco.
Tú y muchos de los chiquillos del Santo Cura ya no son mis alumnos, eso es verdad. Pero es más verdad que no son mis alumnos porque son algo más que alumnos: son mis amigos.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Mi dolor no es menos...


Me ha costado un tanto acostumbrarme a mi nueva vida de desempleado... bueno, eso y el hecho de estar medio "tocado" de la cabeza y del espíritu. Supongo que sentirse extraño es algo normal después de experimentar cambios tan bruscos como súbitos en la vida. Hace dos semanas, era un profesor con siete años de antigüedad y hoy... hoy ya no sé lo que soy. O tal vez sí: soy un desempleado, un cesante ilustrado. Al menos, lo elegí yo, y no fue tan difícil ante la disyuntiva: o salto del tercer piso del colegio o lo que es peor, tiro a alguien del tercer piso del colegio. Y aquí estoy, con mis años a cuestas, mi dolor de espalda que me parece ya parte del paisaje, mis bruscos cambios de humor, mi apatía criminal, mi pena profunda. 
¿Cuántos años hacía que me levantaba antes de las seis de la mañana? Ya no recuerdo, me parece que siempre. Como me parece que siempre hubiese estado dentro de una sala de clases, ora como estudiante, ora como profesor. ¿Cómo no va a ser raro entonces, levantarse y descubrir que se tiene todo el tiempo del mundo por delante... ? Hoy me sobra el tiempo, pero me faltan las ganas, los objetivos. 
Ahora mido el tiempo no en horas pedagógicas, recreos y campanadas, sino por intervalo entre cápsulas y pastillas, visitas al médico y a las farmacias.
Ahora, mi teléfono suena y suena, pero no contesto.
Ahora recibo mensajes y correos, pero no contesto.
Ahora cierro las ventanas, las cortinas y me escondo.
No quiero ver a nadie... al menos por ahora. Necesito paz por un tiempo, necesito pensar (volver) a pensar con claridad, volver a encontrar el amor por las cosas que amaba y ahora miro con desdén, con abulia. Necesito, quiero, volver a gozar con un libro, con la escritura, con la conversación. Me urge disfrutar los viajes en micro o en tren, imaginar, soñar, reir... reir de verdad, sin esa mueca que se me instaló en la cara hace tiempo, sin darme cuenta cuándo, cómo ni dónde.
Y, sin embargo, no se puede dejar atrás lo vivido. No se puede olvidar el tiempo vivido, no de puede simplemente olvidar el amor, el cariño. Porque sé que el costo de intentar sanar mi ajada alma no fue solo renunciar a un trabajo que hace tiempo me hacía infeliz, sino también renunciar a las personas y a las cosas que quería, que quiero.
¿Por qué? es la pregunta habitual de los mensajes que recibo. ¿Por qué...? Hay tantos  porqués ahora... quisiera decirles a todos mis amigos, mis compañeros que dejé allá, tan lejos me parece ahora, en el colegio, decirles, robándome las palabras de Milanés: "que mi dolor no es menos y lo peor es que ya no puedo sentir..." Sé que el tema de esa bella canción no viene al caso, pero al escucharla, me parece que sí podría equipararla a mi situación. "Por mi parte esperaba que un día el tiempo se hiciera cargo del fin". Así fue, el tiempo llegó al fin.
Y, qué tontería, me pregunto cosas como, ¿qué será de mi tarjeta del reloj control? ¿De mi tazón para el café? ¿De mi estante? ¿De los libros que abandoné? ¿De mi silla y mi chaleco? ¿De la corchetera, los lápices, las fotos, mi timbre?
¿Qué será, Señor, de mí?